Los césares de la decadencia:001

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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA[editar]

Porque y, fui un Sagitario — Solitario; nadie lidió conmigo los rudos combates que yo y, las lidié...

piedras de mi honda, y, las flechas de mi carcaj, cogidas la Soledad;

fueron en los desiertos de en ramas arrancadas Soledad;

porque solo viví;

y, solo combatí;


por eso tengo derecho a llevar solo, el peso de mis derrotas;

y, solo, debo llevar el Orgullo de mis Victorias.

Orgullo...

Victoria...

¿qué sentido tienen esas palabras inánimes, cuando se ha -pasado ya el meridiano de la Vida, más allá del cual, los vocablos más atrevidos pierden toda sonoridad, y no son sino débiles voces de un Ensueño, que van a morir en las entrañas de otro Ensueño?

voces de la Vida que se va, dichas al oído de la Muerte que llega...

miserable diálogo de sombras, inclinadas sobre el río tenebroso de la Eternidad;

recordar...

rememorar...

evocar...

alfareros a la orilla de las tumbas, dos en hacer estatuas de cenizas...

¿cómo no nos asombra su miserable fragilidad?...

cavar en la fosa del Pasado...;

¿qué vamos a hacer de ese torbellino de polvo, que levantan nuestras manos profanadoras?

hacemos bustos y medallas, que acaso se harán pedazos entre nuestros dedos, después de haberlos quemado...;

evoquemos los pálidos espectros, antes de ir a dormir con ellos entre sus mudas legiones; hagamos poner de pie, a los muertos aterrados;

en nombre de la Justicia; y, que los legionarios del Crimen oigan el Veredicto de la Historia.



La pasión política devoró mi juventud;

devoró como una lepra;

la consumió como una llama;

ella se extendió hasta lo más fuerte de mi edad madura, siendo según unos, una lamentable desviación de mis energías, y según otros, una admirable centuplicación de ellas;

en ese litigio tan rudamente debatido sobre si mi Obra Política, ha hecho mal a mi Obra Literaria, o la ha completado embelleciéndola, no puedo ser yo el Arbitro;

y, los padres de los padres, de aquellos que han de sentenciar en ese litigio, aún no han nacido;

yo sé que esa gran pasión, que fue la gloria y el fracaso de mi Vida;

esa pasión que hizo de mi juventud un poema bélico, y de mi edad madura un gran lago donde se hundieron muy bellas barcas de ensueños y esquifes empavesados con velas de oro y de púrpura, ha llegado hasta esta hora taciturna de mi corazón, e invade hoy con el escarlata de sus visiones la serenidad de los cielos de mi alma, en los cuales empiezan a imperar ya, las blancuras siderales del único sol que no tiene ocaso: el Sol de los Muertos;

esa fasión fue el Numen de muchos libros míos;

porque yo en Política, no tuve sino Ideas; no tuve Intereses;

yo, fuí un Escritor político;

no fui un Político, escritor;


mi pasión política fue toda intelectual;

residió en mi cerebro;

descendió a veces hasta mi corazón;

pero, no bajó nunca hasta mi vientre, como en los políticos profesionales;

yo, tuve en Política: ideas;

a veces tuve: pasiones;

no tuve nunca: intereses;

y, menos tuve: apetitos;

mis manos y mi cerebro, quedaron vírgenes de toda concupiscencia;

y, mi pluma gozó de esa misma virginidad; a los despotismos que yo combatí, les fue dado insultarme;

pero, no les fue dado corromperme;

por eso pude ser su Juez;

frente a frente de la Tiranía, yo fui el Incorruptible;

aquel a quien es preciso odiar, -porque no se puede sobornar, y al cual es necesario hacer sufrir, ya que no se le puede hacer morir;

y, para permanecer puro, permanecí solo;

ningún contacto innoble deshonró mi esfuerzo ni mi pluma;

no pertenecí a ningún Partido;

y, por eso no vendí a nadie, ni fui por nadie vendido;

no tuve otro partido que el partido de la Libertad;

y ése no es un Partido, es una Soledad;

desde esa Soledad, hablé al Mundo;

¿cómo iba a tener almas hermanas en el corazón de ese desierto?...

sólo el cuervo de Elias, y, el león de Patmos, llegan hasta la caverna de los Solitarios;

y, ellos no me faltaron;

no tuve más Patria que el Destierro;

y, por eso no tuve compatriotas;

mi ciudad fue la Ciudad Ideal;

y, así, no tuve conciudadanos

fui el Vencido Perpetuo;

como la Libertad a la cual serví;

y, a la cual sirvo;

los vencedores no me contaron nunca en su cortejo

los vencidos vinieron a mí, para estrechar mano que había agitado la bandera sobre sus cabezas a la hora del combate;

muchos peregrinos ascendieron los agrios senderos que llevan hacia el Horeb donde yo hacía arder la zarza del Verbo, bajo el ala de la Tempestad;

y, descendieron solos;

yo, no bajé con ellos al festín de la Victoria;

las literas de los Césares, llevadas sobre los hombros de sus esclavos no me vieron inclinarme a su paso, ni ofrecerles con manos mercenarias las rosas de mis aplausos;

y, sólo oyeron el tronar de mis apóstrofes, y sintieron zumbar sobre su cabeza los dardos de mi Dicterio;

nada tuve que pedir, y nada pedí a la miserable prosperidad del Crimen;

por eso;

nada pudo corromperme;

ni vencerme;

fui Invencible, porque fui Incorruptible...

así;

ni declino;

ni me inclino;

las batallas por el oro, se lidian ante mis ojos sin que que tienten siquiera mis miradas; que no deslumbró mi juventud...;

¿cómo podría deslumhrar este crepúsculo de mi Vida, glorioso y fastuoso en el cual se aglomeran todos los oros vírgenes de un Poniente sin mancilla?...

¿qué podría corromperme hoy?...

todo amor y toda ambición han muerto en mi corazón;

sobre tanta ruina acumulada, no queda sino un Ídolo:

la LIBERTAD;

mi culto de ayer;

mi culto de hoy;

mi culto de mañana, cuando mis labios ya trémulos, la busquen en la sombra, faltos mis ojos de luz; no para insultarla, sino para besarla;

mis manos ya torpes, busquen su divina imagen, no para mutilarla sino para acariciarla;

y, mi cabeza busque su seno de virgen guerrera para reclinarme en él, y morir sobre él bajo el fulgor de sus ojos inmortales.


Un canto de ese largo Himno a la libertad, que fue mi Vida, es este libro;

medallas que el buril de la Justicia, grabó sobre el mármol de la Historia.

Césares del Fracaso, sin otro prestigio que el de su Crimen;

yo los esculpí;

despreciándolos, los inmortalicé;

es un legado que hago a la Posteridad: única digna de poseerlo;

los hombres del presente, en los países aquí historiados, no podrán mirarlos con ojos indignados, porque muchos de ellos, pertenecen a generaciones engendradas bajo la digestión de los manjares comidos en los festines de esos Césares o hechos servir por ellos a sus esclavos;

este libro, como todos los libros de Historia necesita la perspectiva del Tiempo...

la perspectiva es la purificación, y como la idealización de las montañas y de los libros;

esa diáfana aureola de luminosidad azul los hace tan definitivamente bellos;

todo libro, es un diálogo con la Posteridad;

y, éste lo es;

hago a los hombres del futuro el relato de los gestos y de los hechos de hombres inconmensurablemente pequeños, a quienes sus crímenes hicieron desmesuradamente grandes;

las generaciones brutalistas que sirvieron de pedestal, a esos ídolos de un día, empiezan a derrumbarse en el polvo, mezclando el suyo con el de sus amos ya desaparecidos en la Muerte;

las cenizas de los Césares y las de los esclavos, hacen un solo montón, sobre el cual ningún sol de gloria da sus reflejos inmortales;

es esta hora en que esos espectros lamentables empiezan a entrar en la sombra del Olvido, la que yo escojo para evocarlos de nuevo, y. llamarlos a la Vida, publicando este libro en la Edición Definitiva de mis OBRAS COMPLETAS, que edita la Casa Editorial Sopeña;

hombres libres vendrán mañana, dignos de leer este libro vengador y justiciero...

ellos lo leerán a la luz de un sol puro sin complicidades y, sin sobornos;

y, agradecerán a la única mano que fue digna de escribir la historia de esos déspotas, porque fue la única que ellos no pudieron comprar.

Vargas Vila.

1920



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
PÁGINA PRELIMINAR -

PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -