Los césares de la decadencia:005

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MIGUEL ANTONIO CARO[editar]

MIGUEL ANTONIO CARO, sucedió a NÚÑEZ (1).

CARO, pertenece, a la raza enojosa de los tiranos

letrados y a la legión rencorosa de los tiranos austeros:


une la violencia a la probidad, como Robespierre, y la vehemencia a la virtud, como Bruto;

en el Poder, recuerda vagamente, el perfil de Marco Aurelio, un Marco Aurelio al revés, en el cual el esplendor de la Virtud privada no alcanza a ocultar el largo eclipse de la pública Virtud;

rencoroso y vengativo, con más pasión que virtud, odiando a los hombres más que a las ideas, no usó del poder sino para empequeñecerse y no supo qué hacer en la Dictadura, de los talentos que lo habían hecho tan grande en la Oposición;

llevó al Gobierno, todas las pasiones de la plaza pública, y, después de ser Catón, en el foro, no fue sino un faccioso en el Poder;

su tiranía, no hizo sino cambiar de objeto; habituado a tiranizar las conciencias, desde el diarismo, continuó en tiranizar a los ciudadanos, desde el Capitolio;

hizo del Gobierno una Polémica, a mano armada, en la cual, el destierro, fue el último argumento y el Verdugo, dijo a veces, la última palabra;

CARO, es un déspota por temperamento, como otros lo han sido por ocasión;

el despotismo, duerme en el fondo de su carácter, como el clasicismo duerme en el fondo de su estilo;

hay dos cosas inseparables de él: la Tiranía y la Gramática;

y, hay, dos cosas que le son absolutamente imposibles: hacer un buen gobierno, y, un buen verso;

sus actos, como sus rimas, son igualmente despóticos y áridos; no ha tenido sino una voluptuosidad en su vida: violar las Musas;

y, las tiene ya domesticadas a su caricia brutal;

es un Sátiro de las rimas;

la Gramática, no es en él una profesión, es una pasión;

para él, un adverbio, es más importante que un hombre;

en una sentencia de muerte, discute la puntuación con más encarnizamiento que el delito;

durante su Gobierno, los liberales, tuvieron el triste consuelo, de ser fusilados con todas las leyes gramaticales, a falta de otras leyes ..

CARO, habría sido un gran ciudadano de su país, silos acontecimientos no hubiesen hecho un pequeño déspota de él;

con la ostentación de sus virtudes, que son muchas, sabe ocultar sus defectos, que no son pocos, lo cual, es, una manera de aparecer perfecto, en un país, en que la hipocresía, es la primera virtud de las almas y el primer deber de los ciudadanos;

de él, dijo Núñez, que era la primera virtud de Colombia, lo cual no era decir gran cosa, en una República en que la Virtud había ya muerto;

Núñez, repartiendo patentes de Virtud, ¿no os hace el mismo efecto de Mesalina, discerniendo premios de castidad, o de Tiberio, alzando un templo a la Misericordia?...

Núñez, fue en esa ocasión, un terrible ironista...

se puede no tener vicios, sin ser virtuoso: tal es el caso de Caro;

lo que inspira respeto en él, no es su virtud, es, su carácter;

es de carnadura lacedemonia, en la época en que los lacedemonios, eran los únicos hombres de Grecia, al decir de Tucídides;

todas sus virtudes son de oposición;

todos sus vicios son de poder;

nació para resistir;

no nació para mandar:

es, como una roca en la soledad;

contra ella se rompe la furia de los mares;

mas, si es ella la que empuja, todo lo aplasta bajo su peso despótico;

Caro, ejerce la Tiranía abajo, con más brillo que la Tiranía arriba;

como hombre de oposición, es enorme;

como hombre de Poder, es mediocre;

el foro, lo agiganta;

el solio, lo empequeñece;

hay en él, más de Catón, qué de César;

bajo la toga, impone;

bajo la púrpura, despierta con el horror, una terrible hilaridad;

el pedagogo, no desaparece nunca en él; queda siempre, un Maestro de Escuela, hecho Emperador;

en la prensa, en la tribuna, en la conspiración, imaginaos un Catilina que fuera puro, y, tendréis a Caro;

es un hombre ebrio de Absoluto;

sofista católico, de la escuela de Montalembert y de Bonald, excediendo en el arte de ocultarla estrechez de sus ideas bajo la amplitud clásica de sus frases; teniendo, sin el amor del Bien, un odio teórico al Mal; odiando más a las personas que a los partidos; combatiendo el fantasma de la Tiranía, mientras le llegaba la hora de ejercerla; ocultando una alma de terrorista bajo la apariencia fría de un Poeta, arcaico; inquisidor y faccioso, Torquemada y Marat, a un tiempo mismo; codiciando el Poder que maldecía; atacando por cálculo, lo que otros combatían por convicción, había pasado veinte años, ejerciendo la Dictadura incontestada de la prensa clerical, de la cual habría sido el primer Escritor, si don José Joaquín Ortiz, no hubiera sido el más grande y el más puro;

así, antes de llegar al Poder, era ya un déspota;

y, una vez llegado a él, no hizo sino empequeñecerse:

todos sus malos instintos subieron a la superficie;

falto de grandeza, tuvo el culto de la insolencia; confundió la fatuidad, con la dignidad; la energía con la violencia; e incapaz de levantarse hasta la generosidad, fue cruel hasta la bajeza y vengativo hasta el oprobio;

llegado al Poder, después de haber honrado su patria, no supo en él, sino deshonrarse;

fue en el Poder, inferior a sí mismo, después de haber sido en la lucha superior a sus contemporáneos;

no queriendo ya ser el Maestro de los hombres, quiso ser su Amo, y renunciando a la admiración, no supo caer sino en el Crimen;

pudo haber sido un gran ciudadano, y no fue sino un pequeño Despota;

al ejercer la Tiranía, mató su Gloria;

el mundo lo habría creído digno del Poder, si no lo hubiera ejercido;

bajo su Gobierno, el mundo vio, hasta dónde el ejercicio de la Tiranía, tiene el poder de corromper a un hombre; y, hasta dónde, la corrupción de un hombre, tiene el don de envilecer la Tiranía...


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CARO, fue el último Tirano Intelectual, que se sentó bajo el solio, que Núñez había decorado con los trofeos de sus traiciones;

con Núñez, principia la transformación política, que acaba con Caro;

después de él se siente ya la disolución... los bárbaros, se acercan...

Caro, los presintió;

la superioridad de Caro, sobre Núñez, estriba en eso: en el golpe de vista: tuvo la intuición genial; Caro, previó a Reyes...

Núñez, no;

Núñez se conformó con despreciarlo: táctica fatal del Orgullo, que no quiere levantarse hasta el Genio;

tras el soldado obsequioso y nulo, lleno de genullexiones y de vértebras, Caro, alcanzó a ver la fiera astuta y taimada, que tendía sus garras impacientes, hacia el Poder, como hacia una presa;

y, se puso entre ella y la República, tomando por la brida, para detenerlo, el caballo del bárbaro, que ya venía en carrera tendida, al Capitolio, entre las aclamaciones de un pueblo degenerado, siempre ávido del triste placer de darse un Amo;

Cuando Reyes, volvía de las matanzas de Enciso, nauseabundo de sangre liberal, y, cargado de coronas conservadoras, hecho omnipotente por la derrota de los unos y por el servilismo de los otros, Caro, olímpico, sin más fuerza que la Ley, le rompió el triunfo en las manos...

aquel hombre civil, desarmado, no tembló ante el pretoriano, vencedor y enchamarrado;

cuando Colombia toda, estuvo de rodillas ante Reyes, Caro, solo permaneció de pie, ante él;

el hombre civilizado, no tembló ante el salvaje encolerizado;

la Ciudad, hizo frente a la Selva, y, la venció;

la Historia, no olvidará nunca ese gesto del valor civil, que supera en heroísmo a los más bellos gestos del valor armado;

la pluma, rompió la espada; el hombre del Derecho, se alzó recto ante el hombre del hecho; y, lo desarmó;

el cerebro del Pensador, venció el brazo del Matador; y, lo encadenó;

esa victoria moral, equivale a una Epopeya;

la derrota de Reyes, fue la derrota de la Barbarie;

pero ¡ay! el heroísmo de Caro, no hizo sino aplazar la catástrofe;

los tránsfugas liberales, darían un día, el Poder, a aquel bárbaro, del cual los conservadores no habían querido...

el gesto, que el conservatismo vencedor encadenó entonces, como un peligro, ciertos mercenarios del liberalismo vencido, lo habrían de desencadenar después, como un azote...

las ligaduras, con las cuales, Caro, ató al monstruo, para reducirlo a la impotencia, las espadas de los revolucionarios vendidos, las habían de cortar luego...

y, el Monstruo, saltaría sobre la República...

¡HORRESCO REFERENS!...



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -