Los césares de la decadencia:010

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JOSÉ ANTONIO PÁEZ[editar]

JOSÉ ANTONIO PÁEZ, era la Fiera-Épica;

no tenía Genio; tenía Instinto: el Instinto del Valor;

no tenía otra virtud que esa;

pero, con la Vida, lo despreciaba todo, hasta la Gloria;

aquel hombre, no era un hombre: era, una lanza;

dar, y desafiar la Muerte, fue su misión;

y, pasa, empujado por ella, como por un huracán, sobre los llanos rojos de la Historia...

era una de esas almas rudimentarias, cuya grandeza consiste toda en el desprecio bravo de la Vida;

su animalidad heroica, no hace admirar sino las garras;

esos seres felinos, hechos a devorarlo todo, terminan por devorar la Libertad;

hechos a no temblar ante nada, terminan por no temblar ni ante el Crimen...

confían su Destino, a su ferocidad; van rectos al delito, como a una victoria; toman la Vida por un combate; el Poder, por una presa; y, cuando lo han destruido todo, se encolerizan contra su sombra, y clavan sus garras, en el fantasma de su propia Gloria;

tal fue Páez;

fue el Héroe-Déspota;

demasiado ambicioso para conformarse con la Victoria, aspiró al Poder;

demasiado nulo para ejercerlo, dejó a otros el cuidado de deshonrarlo;

inhábil, hasta para ejercer la Tiranía, permitió a la cobardía, ejercerla en nombre de su valor; y, dejó bajo el amparo de su heroísmo analfabeto, saciarse el rudo horror de un despotismo letrado;

consintió la Tiranía, más que la ejerció; fue un instrumento de despotismo, más que un Déspota; y, tuvo la Ambición, tan baja, que fue a cambiar con el Suceso, las coronas que ya la Gloria le había dado...

nacido para el combate, y, no para el Poder; siendo capaz de codiciarlo, pero, incapaz de comprenderlo, al llegar a él, se sintió desconcertado, como un león, a quien el rayo espanta, en el pico de una cima...

y, se precipitó...

su escudo cayó sobre él; y, lo aplastó...

¡triste destino el de este cóndor oriental, prisionero en la jaula del Poder, que para saciar su voracidad, tuvo que desgarrar los mismos estandartes, que había desplegado al viento, entre sus garras potentes, en las ardientes tardes de batalla!...

devorar su propia Gloria, es, el castigo de aquellos, cuya Ambición, está por debajo de su Virtud; y, que siendo inferiores a su Fortuna, no saben, sino precipitarse de ella;

tal fue Páez;

la mitad de su vida, la pasó en defender la Libertad, que no llegó nunca a comprender; y, la otra mitad, en perseguir la Libertad, que no llegó nunca a amar;

y, puso tanto heroísmo, en combatir por ella, como en pelear contra ella; y, tanta ferocidad, puso en conquistarla, como en matarla;

lanza en ristre, entró hasta el campamento, contrario, donde yacía la Libertad prisionera; la conquistó a golpes de su lanza; y, poniéndola en la grupa de su caballo salvaje, corrió con ella hacia el desierto...

¿para salvarla?...

no;

para violarla;

la violó primero, y, la mató después;

tal fue su Crimen;


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llanero inculto y feroz, él, fue el fundador, de este despotismo, de la selva y de la espada, del cual Venezuela, no se ve libre todavía...

en ese Poema fastuoso, llamado: la Guerra de la Independencia, Páez, fue el Primer Héroe, entre los héroes;

ningún corcel de guerra, puso sus cascos adelante de aquel su corcel apocalíptico, en que parecía cabalgar la Muerte, a caza de la Victoria, con un zigzag de rayos en la mano...;

su Valor, era una Epilepsia; y, en ese bullir de hazañas incalculables, a él, puede llamársele: el Caballero del Prodigio;

sus hechos, rayan en la Fábula, y realizó por doquiera, los anales del Portento;

fue el Milagro de la Lanza;

cuando aparecía en la pelea, seguido de sus llaneros indómitos, se diría que un torrente de hierro se había precipitado sobre el llano, y que pasaban enloquecidos hacia la Muerte, los caballeros del Apocalipsis, haciendo temblar la Tierra...

inseparable de su corcel, como un huno de Atila, este centauro insaciable de combates, fue un Poema Épico, marchando vivo hacia la victoria, en medio de una siega de hombres;

puso su escudo bárbaro adelante del de Aquiles, y, escribió en él, con su lanza, los portentos de una Iliada, a la cual, la fantasía de Homero, mismo, no llegó...

fue, el Poeta del Hierro;

y, aparece en el límite de dos edades, como un dios bifronte, precipitando con una mano, en la muerte, el siglo de la Colonia, y, clavando con la otra, su lanza en el Capitolio, para inaugurar con ella, el Siglo de Hierro, el Reinado asesino de la Espada...

ese llanero bárbaro, desnudo de intelectualidad, tiene la majestad de un león, pero, no tiene la grandeza de un hombre;

mientras es, el Héroe, y, pasa en el torbellino de la guerra, envuelto en llamas, tiene una talla sobrenatural, su nombre pertenece a la Leyenda...

no entra en la Historia, sino al entrar en el Poder;

y, entonces, Aquiles, se empequeñece hasta la deformidad;

este centauro desarzonado, ya no vive;

su vida no se concibe fuera de la Mitología;

al pie de su corcel de guerra, tiene una talla de enano;

desprendido de la nube homérida del combate, ya no tiene fulgores;

entra en la Vida, como es, con su talla de hombre vulgar, lleno de rudeza y de barbarie; fanático, como un soldado de Teodosio; y cruel como un mercenario de Aníbal;

toda su Gloria la dejó en ios campamentos; no llevo al Poder sino sus vicios...

no teniendo ya laureles que conquistar, se puso a devorar los de Carabobo; y, no teniendo ya españoles que vencer, se volvió contra las ideas liberales, dispuesto a exierminarlas...

no hallando ya extranjeros que matar, volvió su lanza contra los venezolanos que no aceptaban su Tiranía, y, puso en asesinarlos, la misma ceguera bárbara, que había puesto en libertarlos;

inepto, más allá de toda expresión humana, para aquello que no fuera las funciones de la lanza, fue en el Poder, incapaz de ejercerlo, y, se entregó al Partido de los retrógrados, para catolizar y despotizar con ellos, el país...

a semejanza de Juan José Flores, aquel negro barbero de Puerto-Cabello, que fundó en Quito, la dinastía de los conservadores, Páez, la fundó en Venezuela;

se hizo el enemigo de Bohvar, sin llegar a ser su émulo; e, imitó su despotismo, sin llegar a tener su Genio...

y, ese despotismo, fue estéril, como la higuera de la Biblia: obscuro y brutal, como un asesinato en la selva...

no fundó nada; no impulsó nada; no dejó nada;

árido fue, como un llano de Tartaria, a donde reina la Muerte;

entregado en manos de Pedro José Rojas, y, de los conservadores, aquel llanero rudimentario, impregnado de selva, se sintió desvanecido por la Adulación, se creyó llamado a los destinos de un César, y se entregó por completo a los manejos de una aristocracia de mestizos, llena de prejuicios y de crueldades;

trocó su lanza de libertador, por la espada del faccioso; se hizo Jefe de partido y de partidas; dividió la República en dos bandos; se puso a la cabeza del uno contra el otro; hizo de Venezuela un clan, en el centro del cual clavó su espada, como un jefe de escitas; y, se durmió, bajo su tienda de campaña, alzada en plena barbarie...

su despotismo, fue un largo bostezo de fiera;

al fin cayó, vencido por un oficial secundario, en una escaramuza, que no tuvo las proporciones de una batalla;

y, el viejo león, chamuscadas las melenas, atontado y envejecido, fue arrojado d puntapiés, del escenario que había llenado con sus rugidos, durante un cuarto de siglo...

y, fue a morir a New-York, en una miseria heroica, que si no alcanza a redimir sus faltas, sí alcanza a ennoblecer su fin;

esas manos vencidas, puras del contacto del oro, se hacen candidas al juntarse sobre el pecho: tal una cruz de lirios, sobre el cadáver de un león...

la Historia arroja sobre su tumba, el manto que cubrió los hombros del Héroe; y, aspira a cubrir con él, los restos del Tirano...

la piel del león ibero, que arrancó aquel Hércules de la Democracia, queda extendida en su tumba, como un escudo de Gloria...

la lanza de Carabobo, rota por Luciano Mendoza, en Chupulum, queda aún sobre aquel sepulcro, bastante a imponer respeto, como el símbolo de lo que fue aquel hombre: UN HÉROE.

no teniendo Genio, para entrar por él, en la Gloria, entra por su Valor...

no teniendo otra virtud que su lanza, se abre campo con ella, y, entra en la Inmortalidad...

es propio de la barbarie, la admiración del heroísmo bruto;

la Historia ha llegado a declararlo una Virtud: la Virtud de Alejandro;

y, se ha postrado ante ella;

¡la miserable cortesana de la Espada!...

eso es la Historia.

El Valor, puesto al servicio de la Libertad, se eleva a la altura de una Virtud;

el Valor, puesto al servicio del Despotismo, queda siendo, un Instinto...

un bárbaro puesto al servicio de la Libertad, puede ser un Héroe;

poner la barbarie, en el ejercicio de la Tiranía, es ser dos veces bárbaro...

eso fue Páez...

el Héroe-Tirano.

Homo dúplex.



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -