Armas (MAQ)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


ARMAS.[editar]

Los varones prudentes, las republicas bien concertadas por cuatro cosas han de tomar las armas, y desenvainar las espadas, y poner á riesgo sus personas, vidas y haciendas. La primera por defender la fe católica; la segunda por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey en la guerra justa; y si le quisieremos añadir la quinta (que se puede contar por segunda) es en defensa de su patria. A estas cinco causas como capitales se pueden agregar algunas otras, que sean justas y razonables, y que obliguen á tomar las armas; pero tomarlas por niñerias, y por cosas que antes son de risa y pasatiempo que de afrenta, parece que quien las toma carece de todo razonable discurso. [1]


Porque no hay otra cosa en la tierra mas honrada ni de mas provecho que servir á Dios primeramente y luego á su rey y señor natural, especialmente en el egercicio de las armas, por las cuales se alcanzan, si no mas riquezas, á lo menos mas honra que por las letras, como ya tengo dicho muchas veces; que puesto que han fundado mas mayorazgos las letras que las armas, todavia llevan un no sé qué los de las armas á los de las letras, con un sí sé qué de esplendor que se halla en ellos, que los aventaja á todos.


Quitenseme de delante los que dijeren que las letras hacen ventaja á las armas, que les diré y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen: porque la razon que los tales suelen decir y á lo que ellos mas se atienen es que los trabajos del espíritu esceden á los del cuerpo, y que las armas solo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su egercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester mas de buenas fuerzas; ó como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutallos mucho entendimiento; ó como si no trabajase el ánimo del guerrero que tiene á su cargo un ejército ó la defensa de una ciudad sitiada, asi con el espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanzaron con las fuerzas corporales á saber y congeturar el intento del enemigo, los designios, las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen, que todas éstas cosas son acciones del entendimiento en quien no tiene parte alguna el cuerpo.


Con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despojan los mares de cosarios; y finalmente si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquias, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarian sujetos al rigor y á la confusion que trae consigo la guerra el tiempo que dura, y tiene licencia de usar de sus privilegios y de sus fuerzas; y es razon averiguada que aquello que mas cuesta se estima y debe de estimar en mas.


  1. Véase AFRENTA y su nota.