Caballeros (MAQ)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CABALLEROS.

Los mas de los caballeros que ahora se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de que se visten, que la malla con que se arman.


Mas ahora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valentia, y la teórica de la práctica de las armas.


Ni todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo, que unos son de oro, otros de alquimia y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad: hombres bajos hay que rebientan por parecer caballeros; y caballeros altos hay que parece que á posta mueren por parecer hombres bajos: aquellos se levantan ó con la ambicion ó con la virtud, estos se abajan ó con la flojedad ó con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros tan parecidos en los nombres, y tan distantes en las acciones.


Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero, sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortes, comedido y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador, y sobre todo caritativo, que con dos maravedis que con ánimo alegre dé al pobre, se mostrará tan liberal como el que á campana herida da limosna, y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes, que aunque no le conozca deje de juzgarle y tenerle por de buena casta; y el no serlo seria milagro.


Bien parece un gallardo caballero á los ojos de su rey en la mitad de una gran plaza dar una lanzada con felice suceso á un bravo toro: bien parece un caballero armado de resplandecientes armas pasar la tela en alegres juntas delante de las damas, y bien parecen todos aquellos caballeros que en ejercicios militaren, o que lo parezcan, entretienen y alegran, y si se puede decir, honran las cortes de sus príncipes.


Todos los caballeros tienen sus particulares ejercicios: sirva á las damas el cortesano, autorice la corte de su rey con libreas, sustente los caballeros pobres con el espléndido plato de su mesa, concierte justas, mantenga torneos, y muéstrese grande, liberal y magnífico, y buen cristiano sobre todo, y de esta manera cumplirá con sus precisas obligaciones.


El andar á caballo á unos hace caballeros, á otros caballerizas.