Manual alfabético del Quijote: 2

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


APÉNDICE.


Siendo natural el deseo de saber la vida de las personas célebres cuyas obras leemos; y como nunca será sobradamente conocida la del autor cuyos pensamientos acaban de esponerse, me ha parecido á propósito dar aquí una breve noticia de ella.

El autor del Quijote tuvo por patria á la famosa ciudad de Alcalá de Henares, donde nació en el año de 1547. Desde su tierna edad le inclinaron sus padres Rodrigo Cervantes y Doña Leonor de Cortinas á los rudimentos literarios, con el fin de que siguiese alguna carrera lucrativa, tal como la del foro ó la iglesia que en nuestra patria han sido, por nuestra desgracia, las únicas sendas de la fortuna; mas como la fuerza de la inclinacion natural es mas violenta en los grandes ingenios como el de nuestro autor, le fue imposible resistir á la que le llevaba á los estudios amenos, sin pararse á considerar que por lo regular suelen estar en contradiccion con los intereses y comodidades de la vida.

Pudiéranle haber desengañado los primeros ensayos que hizo en esta corte de los conocimientos en letras humanas adquiridos bajo la direccion del maestro Juan Lopez, pues el mérito de los versos compuestos á la muerte de la desgraciada Isabel de Valois, no indicaban seguramente un gran talento. El mal éxito de sus primeras producciones le movió á salir de su patria y buscar fortuna en los paises estrangeros. Colocóse de camarero del cardenal Aquaviva y sentó despues plaza en las banderas de Marco Antonio Colona, bajo cuyo mando se halló en la memorable batalla de Lepanto, en donde triunfaron las armas cristianas de los turcos, vencida la escuadra de Selin II. Cervantes se portó en la accion con todo valor, sacando estropeada para toda su vida la mano izquierda, para gloria de la diestra, como él mismo lo dice, no con jactancia, sino con noble franqueza. A esta desventura se siguió la de que regresando cuatro años despues a España en una galera, fué esta apresada por el famoso corsario Arnaute Mamí que le condujo cautivo á Argel. Sin embargo de ser su dueño un bárbaro insensible á los gritos de la humanidad y de la clemencia, como el mismo Cervantes lo refiere, no por eso se desalentó, sino que trató de buscar todos los medios posibles para recobrar su libertad. Huyó de la casa de su amo, ocultándose en una gruta abierta por un cautivo en un jardín á orillas del mar. Un mallorquín, llamado Viana, debia volver á aquel sitio en busca de Cervantes y de otros compañeros asi que se rescatase, y puede imaginarse el ansia con que aquellos infelices ansiarían que el rescatado volviese á su patria, equipase una embarcacion y se arrimara á la costa de Argel.
Su dilatada esperanza les salió vana por que aunque Miguel de Cervantes alentaba y animaba á todos, y aunque el mallorquín cumplió con su promesa, equipó el buque y volvió en busca de los escondidos, hizo la mala suerte que fuese reconocido en el momento en que iba a tomar tierra, con lo que temeroso del peligro que le amagaba, pues los moros empezaban á alarmar la costa, hubo de hacerse de nuevo al mar y no volvió ya á aparecer. El valor de Cervantes no se abatió con este nuevo contratiempo, y aun le aguardaban otras pruebas mas rigorosas. Consiguió inspirar nuevas esperanzas de que volveria Viana á sus compañeros, cuando uno de ellos fue el que les vendió, dando parte al rey Azan del secreto de la cueva y llegando su bajeza hasta presentarse á la cabeza del destacamento que fue á prenderlos. Cervantes, siempre sereno y dueño de sí mismo, se imputó á sí solo el plan de la empresa, ofreciéndose al castigo para que se libertasen de él sus compañeros. No fue poca la admiracion general en Argel al ver que reclamado por Arnaute Mamí, no le dió castigo alguno, llevado sin duda de cierto respeto hacia su noble osadia. Parecia que Cervantes desafiaba cada vez mas a su mala fortuna, pues armó otro y otros proyectos, que igualmente se malbarataron, y concibió por último el mas atrevido, cual fue el de sublevar á todos los esclavos de Argel, libertarlos á todos y apoderarse de la plaza. El rey Azan á cuyos oídos llegó la noticia de este designio, ya no dió por seguros sus cautivos, su reino y sus bageles sí no tenia asegurado por sí mismo al manco Español, que con estas palabras se espresó, y le compró de su primer amo, á fin de tenerle bajo una vigilancia mas inmediata y rigorosa. Permaneció pues cautivo hasta el año de 1580. Su madre Doña Leonor de Cortinas aprontó unos trescientos ducados, y los religiosos trinitarios completaron la restante hasta la cantidad de 500 escudos que pedia el moro por su libertad.

A principios del año de 1581 volvio á su patria, ya que no á sufrir los hierros de Argel, á tolerar los no menos crueles de un militar indigente. Entonces fue cuando desesperanzado de las pocas ventajas que podia prometerse en la milicia, volvió a entregarse á su primera inclinacion y admirable inventiva. Eran de moda las novelas pastoriles en las que sus autores se retrataban á si propios y á sus queridas bajo nombres pastoriles, y llevado de la corriente dió á luz su Galatea, novela que se imprimió en Madrid el año de 1584, retratando con este nombre á Doña Catalina Salazar, con quien se casó á poco tiempo despues de publicada dicha obra, que fue la que le empezó á dar nombre entre los literatos. Facil es de concebir que si la situacion de Cervantes era poco acomodada mientras permaneció soltero y no teniendo que mirar mas que por sola su persona, se aumentarían por precision sus necesidades asociándose una compañera, aun cuando esta llevase alguna cosa al matrimonio. Tuvo pues que dedicarse á escribir para el teatro, y el mismo, que conocía que el cielo no quiso concederle la gracia de ser poeta, al hablar de sus comedias las juzga con una moderacion digna de todo elogio, sin que pueda negársele en justicia que conocia todas las leyes de la dramática, pues lo manifiesta muy bien al hablar en el Quijote de las piezas de su época. Dejó de escribir para el teatro y le ocupó Lope de Vega, (ingenio verdaderamente monstruoso en este ramo de la poesia por su fecundidad y sonoros versos), y hasta que se imprimió la primera parte del Quijote no se tiene noticia de obra alguna que diese á luz, probablcmenle porque el cuidado de subsistir le forzaria á buscar otros medios de adquirirse el dinero, mas instantáneamente que suelen proporcionarlo las producciones del ingenio. Se sabe que anduvo en todo este intérvalo vagando por diferentes puntos de España en busca de una colocacion á que tan digno le hacian sus talentos y sus servicios militares, pero que su mala estrella le negaba obstinadamente.

Pasó desde Madrid á Sevilla y desde Sevilla á la Mancha, en uno de cuyos lugares se vió atropellado por sus vecinos, maltratado y conducido á la carcel, segun se cree por habier ido á percibir de orden superior algunos impuestos.

Este nuevo infortunio, aunque agravando tantos como sobre el cargaban, fue el origen de la obra que corrigió á su siglo; y la carcel fue la cuna de la celebridad de su autor. Lejos de abatirse entre las cadenas, le sugirieron ellas el libro mas ingenioso y festivo, y aun puede decirse doctrinal, que ha producido el espíritu humano: allí se compuso el Don Quijote. Los libros caballerescos habian atestado á España; los idiotas admiraban sus despropósitos, sus maravillas entretenian la credulidad de los simples, y su inmoralidad corrompia la educacion y las costumbres, habiendo sido inútiles contra su ascendiente las serias declamaciones de algunos sabios de aquel tiempo, que el vulgo no las leia, ó no las entendía aun cuando las leyese. Cervantes, para vencer al enemigo, tomó sus propias armas, y escribió tambien un libro de caballeria que los superara á todos en novedad y en placer, sin necesidad de valerse para ello de inverosimilitudes ni anacronismos; y que agradase á toda clase de personas en cualquiera sazon, en todo tiempo: asi es que cuanto mas se considera esta obra, tanto menos se acierta á decidir cual deba admirarse mas entre la imaginacion que la inventó, el gusto con que se ejecutó ó la diccion con que se espresaron sus pensamientos. Aun mucho mas asombra esta reunion de circunstancias literarias, si se reflexiona que vió la luz en el siglo diez y seis, siglo que fue mas bien de disputas y erudicion pedantesca, que de luces y buen gusto.

El mérito de esta obra, el análisis de sus bellezas, el parangon de él con las obras maestras de imaginacion, han sido objeto que ha ocupado á muchas y discretas plumas; y por lo mismo nos abstendremos de tratar aqui de un punto tan examinado y reconocido, dejando á la obra, para seguir á su desdichado autor.

Viendo Cervantes que cuando se publicó la primera parte del Quijote en el año de 1605 no llegaba á comprenderse tan de pronto la finísima sátira que encerraba, ocurrió á su fecundísimo ingenio hacer una crítica aparente de ella, para que de este modo la buscasen y entendiesen todos mejor. Compuso pues el Buscapie, obra que desgraciadamente no ha llegado á nuestra época, y á favor de tan aguda estratagema logró que el Quijote fuese en poco tiempo universalmente leido.

Este triunfo no pudo tolerarlo la envidia. Los poetas confundidos, se desataron contra el autor para arrebatarle una gloria á que no podían aspirar, y Villegas, entre otros, se atrevió á zaherirle de mal poeta, llamándole Quijotísta. Otro de menos nombre todavia que Villegas, como quien pretendia defender á Lope de Vega tuvo la necia osadia de querer remedar á Cervantes y continuar su obra, para mejorarla segun decia, llegando á tachar de humilde el estilo de Cervantes, y á burlarse de él, dándole en cara que era pobre, viejo y manco. El autor del Quijote se defendió bien opuestamente á la bajeza con que se le censuraba y ofendia, y para reducir á eterno silencio á su adversario, no hizo mas que publicar la segunda parte del Quijote, que escede a la primera en gusto y correccion. Burlóse á veces en ella de la poca gracia de su antagonista por boca de sus mismos protagonistas caballero y escudero, y consiguió que desde entonces hasta el dia en que la lectura del Quijote de Avellaneda no puede ya perjudicar á la reputacion sancionada del suyo, sean raros los que hayan leido la continuacion de aquel envidioso remedador. El público admitió muy bien las Novelas y el viage al Parnaso, que se publicaron entre la primera y segunda parte del Quijote. Muchas de las primeras son una pintura de las costumbres de su tiempo, y otras una graciosísima sátira como la de los perros de Maudes. El viage al Parnaso supone que los malos poetas le atacaban y que viniendo Mercurio á España á implorar el auxilio de los buenos, toma por guia á Cervantes, que marcha en su compañía y se encuentra en aquella jornada. Esta ingeniosa invencion la imitó donosamente en prosa en este siglo nuestro Don Leandro Fernández de Moratín en su Derrota de los Pedantes. Consiguió Cervantes en ella manifestar lo deplorable de su situacion, suponiendo que Apolo recibe en un jardín y que ocupados todos los asuntos por los poetas, no queda para él ninguno, y le aconseja el Dios que no obstante todos los méritos que alega, doble su capa y se siente sobre ella, y que se ve precisado á responderle que no la tiene y á quedarse en pie apesar de todos sus merecimientos. Este modo de quejarse de lo desvalido que se miraba cuando otros poetas gozaban de bienes y estimacion, es tan noble como ingenioso.

Buscó para Mecenas de la primera parte del Quijote al duque de Bejar, el cual después que hubo admitido este obsequio no sin dificultad se entibió en favorecerle, por sugestiones de una persona eclesiástica que tenia grande autoridad en su casa. El altercado entre Don Quijote y otro individuo de la misma clase en la casa del duque, y la acrimonía con que se esplica contra el caballero andante que se empeña en probar la escelencia y verdad de todas las historias caballerescas, es la manera con que se vengó Cervantes de la mala obra que le hizo aquel eclesiástico indiscreto desconceptuándole con su protector, pues retrata su orgullo y encarnizamiento en la referida escena. No se condugeron tan mezquinamente con Cervantes el conde de Lemos y el Arzobispo Sandoval, que la posteridad mirará siempre con aprecio por haber mirado por la subsistencia del desgraciado ingenio señalándole una pension, aunque esto sucedió cuando era ya de avanzada edad y no podia eximirle de penosas privaciones. Sin embargo el noble corazón de Cervantes rebosaba de gratitud, y en diferentes pasages de sus obras no encuentra en medio de la fecundidad de su pluma, términos que le parezcan suficientes para espresarla. Cervantes que llegó á pagar el mal con el bien, elogiando á los mismos que se le declararon enemigos, ¿qué no sentiria para satisfacer á su gratitud respecto á quienes le hicieron algun bien? Dedicó pues al conde los Trabajos de Persíles, obra de la que estaba él muy contento y en la que siguió el modelo de la novela del griego Heliodoro, declarando abiertamente que aquel libro seria el mejor de los de entretenimiento, pero debió ser este un alucinamiento de autor, y la posteridad no ha confirmado este juicio. Cierto es que abunda en lances de novedad é interes; que muchas pinturas tienen verdad, y que es gallarda su narracion; pero se advierte rota la unidad con la profusion de episodios y le falta un fin moral que es el alma de semejantes composiciones. Esta obra fue una de las postreras de su vida, en cuyo último periodo tenia ya concluidas ó cerca de concluirse las Semanas del jardin, el Bernardo y la segunda parte de la Galatea.

Hacia ya tiempo que le aquejaba un afecto de hidropesia, cuyos ataques sobrellevaba con aquella alegria filosófica que jamas le desamparó, como hija de su virtud, y de sus trabajos y amor á las letras. El mismo describe con admirable serenidad los trámites de ella, refiriendo el viage que hizo desde Esquivias á esta corte, en el que un estudiante le desengañó de que su achaque no tenia cura. Se fue pues agravando este sucesivamente hasta el dia 18 de abril de 1616 en el que se le administró la Uncion. Entonces fue cuando mirando á la muerte con un noble desprecio, echó Cervantes el sello á su valor y su gratitud escribiendo á orillas del sepulcro la dedicatoria del Persiles, con una entereza que no es concebible en aquel trance en que los demas hombres se olvidan de todo. Esta carta puede mirarse como la última hoja de la corona literaria de Cervantes; y siendo tambien su último pensamiento, tócale entre los suyos este sitio. Decia asi: "A Don Pedro Fernandez de Castro, conde de Lemos. &c. Aquellas coplas antiguas que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan: Puesto ya el pie en el estribo: quisiera yo no vinieran tan á pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras la puedo comenzar diciendo:

Puesto ya el pie en el estribo
Con las ansias de la muerte,
Gran Señor, esta te escribo.

Ayer me dieron la Extremauncion, y hoy escribo esta: el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies de V. E., que podria ser fuese tanto el contento de ver á V. E bueno en España, que me volviese á dar la vida: pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos: y por lo menos sepa V. E. este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle, que quisa pasar aun mas allá de la muerte mostrando su intencion. Con todo esto, como en profecía me alegro de la llegada de V. E., regocíjome de verle señalar con el dedo, y realégrome de que salieron verdaderas mis esperanzas dilatadas en la fama de las bondades de V. E. Todavia me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín y del famoso Bernardo: si á dicha, por buena ventura mía, que ya no seria sino milagro, me diese el cielo vida, las verá, y con ellas el fin de la Galatea, de quien sé está aficionado V. E., y con estas obras continuado mi deseo. Guarde Dios á V. E. como puede. De Madrid á diez y nueve de abril de mil y seiscientos y diez y seis años."

Esta sola carta en tales circunstancias atestigua la calma y tranquilidad de su alma, y recuerda toda la de Sócrates filosofando tranquilamente con sus amigos despues de haber bebido con mano firme la mortal cicuta. Desde la fecha de ella fue empeorando hasta el dia 23 del mismo mes de abril, en que acabó de padecer á los sesenta y ocho años de edad. Sus funerales correspondieron á la pobreza y oscuridad de su vida; y le condujeron al sepulcro los terceros de la orden de San Francisco como hermano que fue de dicha orden, enterrándole como lo habia mandado, en la iglesia de las monjas trinitarias de esta corte, donde yacen sus restos igualmente desconocidos; por ignorarse el sitio donde se depositaron.

Este olvido y abandono forman el mayor contraste con la celebridad de su nombre, que desde el momento de su muerte fue creciendo y aumentándose, no tan solo por España sino por toda Europa. Lns repetidas ediciones de sus obras han producido sumas cuantiosísimas enbeneficio de otros, y el carecia sin duda muchas veces del cotidiano sustento. ¡Tal es la suerte de los ingenios, particularmente en nuestra patria! Olvídaseles y aun se les maltrata cuando viven, y se deja al cuidado de la posteridad hacerles la justicia que se les debe. ¡Tardía y triste compensacion....!

Aun faltó á Cervantes por muchos años despues de muerto un público testimonio del aprecio de su patria, consignados solamente en los elogios de los literatos y en la voz general, estando reservado el justo pago de esta deuda al reinado de Fernando VII, tan abundante en sucesos notables. El único periódico de aquel tiempo fuera del ministerial, el Correo Literario y Mercantil empezó á promover en varios de sus números la idea de un monumento á la memoria del autor del Quijote; el Excelentísimo Señor Don Manuel Fernandez Varela, protector decidido de las artes y las letras, y cuya muerte llorarán por mucho tiempo infinitos desvalidos, adoptó el pensamiento con ardor, dió los pasos convenientes con el rey, y por su direccion se construyó en Roma una estatua de bronce de Cervantes y se trasladó á esta corte. El designio del comisario era aun mas vasto y transcendental á las ciencias. Queria comprar la casa en que vivió y murió Cervantes, en la calle que ahora lleva su nombre, cuyo repartimiento interior era el mismo que tenia cuando la habitó Cervantes; pensaba alhajarla con muebles de aquel tiempo, iguales á los que consta por documentos que tenia Cervantes, y colocar en una de las piezas el retrato de él de madera en accion de estar escribiendo en su despacho, y establecer en dicha casa una academia de bellas letras, con el título de academia de Cervantes. Este hubiera sido un objeto de suma curiosidad é interes para naturales y estrangeros; pero el dueño se negó abiertamente á enagenar la casa; á la que queria dar otra forma moderna; y asi hubo de contentarse el celo patriótico del comisario con que se aviniese á que se colocára en la fachada sobre la puerta un hermoso medallon de marmol con el busto en relieve de Cervantes, y una hreve inscripcion de haber sido aquella la casa donde vivió y murió y la fecha del dia y del año.

Aunque decretado todo esto en vida de Fernando VII, no tuvo su completa ejecucion hasta el de su augusta hija Doña Isabel II; y la estatua colocada sobre un pedestal de piedra con dos inscripciones en latín y castellano, y dos relieves en bronce alusivos á pasages del Don Quijote se colocó en la plazuela llamada hoy de las Cortes, y antes de santa Catalina, el año de 1834 habiéndola cercado posteriormente con una verja de hierro que la resguarde y adorne.