Caballeros andantes (MAQ)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CABALLEROS ANDANTES.

Ya no hay caballero que duerma en los campos sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas desde los pies á la cabeza; y ya no hay quien sin sacar los pies de los estribos, arrimado á su lanza, solo procure descabezar, como dicen, el sueño como lo hacian los caballeros andantes: ya no hay ninguno que saliendo deste bosque entre en aquella montaña, y de alli pise una esteril y desierta playa del mar, las mas veces proceloso y alterado, y hallando en ella y en su orilla un pequeño batel sin remos, vela, mástil ni jarcia alguna, con intrépido corazón se arroje en él, entregándose á las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le bajan al abismo, y él, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, cuando menos se cata se halla tres mil y mas leguas distante del lugar donde se embarcó, y saltando en tierra remota y no conocida le suceden cosas dignas de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces.


Si no díganme, ¿quien mas honesto y mas valiente que el famoso Amadís de Gaula? ¿quien mas discreto que Palmerin de Inglaterra? ¿quien mas acomodado y manual que Tirante el Blanco? ¿quién mas galan que Lisuarte de Grecia? ¿quién mas acuchillado ni acuchillador que don Belianis? ¿quién mas intrépido que Perion de Gaula? ó ¿quién mas acometedor de peligros que Felixmarte de Hircania? ó ¿quién mas sincero que Esplandian? ¿quién mas arrojado que don Cirongillo de Tracia? ¿quién mas bravo que Rodamonte? ¿quién mas prudente que el rey Sobrino? ¿quién mas atrevido que Reinaldos? ¿quién mas invencible que Roldan? y quien mas gallardo y mas cortés que Rugero, de quien descienden hoy los duques de Ferrara, segun Turpin en su cosmografía? Todos estos caballeros, y otros muchos que pudiera decir, señor cura, fueron caballeros andantes, luz y gloria de la caballeria.


No todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber en el mundo; y aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos á los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo, mirando un mapa sin costarles blanca, ni padecer calor ni frio, hambre ni sed; pero nosotros los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frio, al aire, á las inclemencias del cielo, de noche y de dia, á pie y á caballo medimos toda la tierra con nuestros mismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance y en toda ocasion los acometemos sin mirar en niñerias, ni en las leyes de los desafíos, si lleva ó no lleva mas corta la lanza ó la espada, si trae sobre sí reliquias ó algun engaño encubierto, si se ha de partir y hacer tajadas el sol ó no, con otras ceremonias deste jaez, que se usan en los desafios particulares de persona á persona.


Pero sobre todos estos parece mejor un caballero andante, que por los desiertos, por las soledades, por las encrucijadas, por las selvas y por los montes anda buscando peligrosas aventuras con intencion de darles dichosa y bien afortunada cima, solo por alcanzar gloriosa fama y duradera. Mejor parece, digo, un caballero andante socorriendo á una viuda en algun despoblado, que un cortesano caballero requebrando á una doncella en las ciudades.


El caballero andante busque los rincones del mundo, éntrese en los mas intrincados laberintos, acometa á cada paso lo imposible, resista en los páramos despoblados los ardientes rayos del sol en la mitad del verano, y en el invierno la dura inclemencia de los vientos y de los hielos: no le asombren leones ni le espanten vestiglos, ni atemoricen endriagos, que buscar estos, acometer aquellos y vencerlos á todos, son sus principales y verdaderos ejercicios. [1]

  1. Este artículo es el reverso de la medalla del antecedente; porque pintándose en aquel un caballero andante cual debia ser, se retrata en este del modo que le describian la multitud de libros caballerescos, cuyo destierro se propuso Cervantes: es decir, que el primero es el cuadro clásico, y el segundo el romántico y fuera de las reglas de la moralidad y buen juicio.

Y ¿cómo es posible que haya entendimiento humano que se dé á entender que ha habido en el mundo aquella infinidad de Amadises y aquella turbamulta de tanto famoso caballero, tanto emperador de Trapisonda, tanto Felixmarte de Hircania, tanto palafren, tanta doncella andante, tantas sierpes, tantos endriagos, tantos gigantes, tantas inauditas aventuras, tanto género de encantamentos, tantas batallas, tantos desaforados encuentros, tanta bizarría de trages, tantas princesas enamoradas, tantos escuderos condes, tantos enanos graciosos, tanto billete, tanto requiebro, tantas mugeres valientes, y finalmente tantas y tan disparatadas cosas como los libros de caballería contienen?