Aura o las violetas: 003

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Aura o la violetas

Descorrer el velo tembloroso con que el tiempo oculta a nuestros ojos los parajes encantados de la niñez; aspirar las brisas embalsamadas de las playas de la adolescencia; recorrer con el alma aquella senda de flores, iluminada primero por los ojos cariñosos de la madre, y luego por las miradas ardientes de la mujer amada; traer al recuerdo las primeras tempestades del corazón, las primeras borrascas del pensamiento, los primeros suspiros y las primeras lágrimas de la pasión, es un consuelo y un alivio en la adversidad;

parece que el alma desfallecida, se rejuvenece con aquellas brisas; el corazón se vuelve a abrir a los reflejos de aquel sol purísimo, y la imaginación vuelve a adornarse con el espléndido follaje de aquella primavera inmortal;

¡primer amor! ¡encanto de la vida, alborada de la felicidad; los rayos de su luz no mueren nunca! ¡corona encantadora de la niñez, formada con las primeras flores que brota el alma, y acariciada por los hálitos de la inocencia! el tiempo la marchita, y descolora después; pero, las hojas mustias de aquellas flores, los rayos amortecidos de aquella aurora, las claridades de aquella edad, en que vaga aérea y vaporosa, la imagen de una mujer, envuelta entre las gasas de la infancia; aquellos recuerdos y aquella historia, son la más bella herencia de la vida;

páginas de la adolescencia, recuerdos de la cándida mañana de la vida, cánticos melodiosos de aquel himno, murmullos de aquella edad bendita, ¡cuan gratos son al corazón herido! ellos traen al alma, recuerdos del nativo campo, brisas del huerto paterno, rumores de sus ríos, perfumes de sus bosques, voces queridas, imágenes amadas, y besos de la madre, enviados en las alas de la tarde;

¡vosotros despiertan al corazón!

¡benditos sean!