Duque de Wellington (Juicios)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


WELLINGTON, (el Duque) [1]


Es un hombre de poco espíritu, sin generosidad y sin grandeza de alma; no puede ligar dos ideas. Wellington es el verdugo de los hombres en los sitios. No tiene sino un talento especial; sobresale en él, puede ser, pero no tiene espíritu de invención; la fortuna ha hecho más por él, que lo que él ha hecho por la fortuna. Malborough, a mas de ganar batallas, manejaba los gabinetes y subyugaba los hombres; Wellington no ha sabido sino seguir las miras y planes de Castlereagh! .... Como General, su plan de batalla de Waterloo no indicaba talento. El desplegó sin duda mucho valor y perseverancia; pero pierde un poco de su mérito cuando se considera que no tenía ningun medio de retirada, y que si hubiese querido efectuarla no habría salvado un solo hombre de su ejército. Debió la victoria, primero a la firmeza y a la bravura de sus tropas; pues los ingleses se batieron con el mayor encarnizamiento y mas gran valor. Después al ejército de Blucher, a quien se debía mas bien atribuir la victoria que al Duque, porque desplegó más talento como General. Batido la víspera había juntado sus tropas, que volvió a llevar al combate por la tarde... La gloria de una victoria semejante es una cosa grande; pero la reputación militar de Wellington nada ganará en ella. Se me asegura que por él estoy yo aquí (en Santa Helena) lo creo. Es digno de aquel que, con desprecio de una capitulación solemne dejó perecer a Ney, con quien se había visto tantas veces en el campo de batalla. El está seguro que por lo que hace a mí le he hecho pasar un mal cuarto de hora. Este es ordinariamente un título para las grandes almas, la suya no lo ha sentido... Ah! que bella candela debe al viejo Blucher; sin éste, no sé donde estaría su gracia, como ellos la llaman; pero yo, seguramente, no estaria aquí. L. C. - O.


  1. Nació en 1769. Entró desde muy temprano al servicio, y ha servido y mandado diversas expediciones, notablemente en España. Se han disimulado sus reveses; pero la historia más equitativa sabrá decir que no siempre ha sido vencedor, y que ha usurpado, si podemos servirnos de esta expresion, lo que hace hoy día el más bello adorno de su corona de gloria.