Gustavo IV (Juicios)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


GUSTAVO IV, Ex-Rey de Suecia. [1]


Este Príncipe se mostró al principio como un héroe, y concluyó como un loco. En uno de sus accesos de locura, ha confesado que los suecos habían hecho un acto de justicia deponiéndole, porque no tenía ningún derecho a la corona. Dio indicios de demencia muy temprano por rasgos muy remarcables. Siendo joven, se le vió insultar a Catalina por la repulsa que la hizo de su nieta en el momento mismo en que esta gran Emperatriz, sobre su trono y en medio de su corte, a él solamente aguardaba para la ceremonia del casamiento. Mas tarde insultó también a Alejandro, rehusando, después de la catástrofe de Pablo, la entrada por sus Estados a un oficial del nuevo Emperador. A mi aparición a la soberanía se declaró mi gran antagonista. Parecía que nada menos quería que renovar los tiempos del Gran Gustavo Adolfo. Recorrió toda la Alemania para amotinarla contra mí. Cuando la catástrofe del Duque de Enghien, juró vengarlo personalmente, y después devolvió con insolencia la águila negra al Rey de Prusia, porque este había aceptado mi legión de honor &c. En fin, llegó su momento fatal; una revolución nada común, le derribó del trono, y lo arrojó fuera de sus Estados. La unanimidad contra él prueba sus faltas sin duda.

Quiero suponer que sea inexcusable, y aún loco; no obstante es una cosa bien extraordinaria y sin ejemplo, que en esta crisis no se haya desenvainado una sola espada en su defensa, sea por afección, por gratitud, por virtud, o por necedad, si se quiere; y a la verdad que esta es una circunstancia que hace poco favor a la atmósfera de los Reyes. Este Príncipe, hecho el juguete de los ingleses, burlado por ellos, que querían hacer de él un instrumento suyo, mal mirado por sus deudos, intentó renunciar al mundo, y como si hubiese conocido su existencia ajada por el desprecio de los hombres, y por su disgusto de las cosas, adoptó voluntariamente el confundirse en la multitud.

L. C. — O.


  1. Gustavo IV, proclamado Rey después de la muerte de su padre, permaneció, sin embargo, bajo la tutela del Duque de Sudermania su tío, hasta la edad de 18 años; contratado en esponsales con una princesa de Medembourg, rompió sus compromisos. A causa de la revolución que estalló en Suecia en 1809, fue depuesto, y su tío el Duque de Sudermania, nombrado Rey, lo hizo llevar al castillo de Gripsholm. Poco después rehusó comparecer y firmar su matrimonio con la gran Duquesa Alejandra, nieta de Catalina; en fin, se casó con Sofía Dorotea de Bade. Después Gustavo se fue a Inglaterra, a Amburgo, en donde quiso entrar en la congregación de los Padres Moraves; pero sus sectarios se opusieron. En seguida con el nombre de Conde de Gottorp, quiso hacer un viaje a la tierra santa, pero no encontró compañeros. Después de haber tomado los títulos de Duque de Holstein, de coronel con el nombre de Gustazzeson, fue hecho ciudadano de Bale en 1817. Ahora se ha retirado a Viena. Gustavo ha reclamado contra el juicio severo de Napoleón. Mr. de Las Casas ha convenido en que el célebre cautivo ha podido equivocarse, pero nada ha variado del punto que se ataca. Nosotras hemos debido reproducirlo.