Cambia colore (DCB)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


CAMBIA-COLORE.


«Especie de magia que usan... (siendo cosa mala, ¿quien la habia de usar sino...?) los filósofos, y á favor de la cual dicen hoy lo contrario de lo que dijeron ayer.--»

Este prurito de nuestro diccionarista de achacar esclusivamente á los filósofos toda mala fechoría, me voy temiendo que le ha de desconceptuar con el pueblo y con todos aquellos que no cierran los ojos para ver: porque es visto por todos los que no tienen los ojos por adorno, que los tales cambiantes, y los grandes pecadores contra la patria no son precisamente los filósofos, rara-ávís asi en la tierra como en el cielo; sino principalmente las dignidades mas visibles de la Iglesia, y á vuelta de ellas (salvos algunos que son dignos de los altares) casi toda la familia clerical desde el chantre melífluo y esquisito, y el beneficiado simple, al mugriento aquitibi y al portamangas alquilon.

En el catálogo de estos santos cambistas hay inquisidores, incluso el General; hay ilustrísimos que hacen bueno al traidor arzobispo Don Opas; y aun hay algun mitrado que usurpaba opinion de santo: (por que otro no pierda, el Padre Santander.) De aqui abajo se podia hacer una letanía perdurable de prevaricantes clérigos y frailes de todos colores: los cuales abusando de su augusto ministerio, nos quieren persuadir con el Evangelio en la mano que hoy es pecado nefando lo que ayer nos predicaban como obligacion sagrada. Con efecto, ¿hay cosa mas frecuente en estos tiempos que ver un siervo del Señor subir ayer á la catédra de la verdad á proclamar rey por la gracia de Dios á nuestro legitimo monarca el Señor Don Fernando VII, y subir hoy a proclamár al Napoleon en el nombre de mismo Dios Padre-Hijo-Espíritu- Santo?

Mas estos tales ya tienen su retrato hecho, y de muy buena mano, en aquel célebre coloquio de un patriota con un predicante de la ley de Napoleon, que le venia á tentar para hacerle prevaricar en la fé política. Vease aquí el protótipo de un cambia-colore en la persona del canónigo Morales; el cual redarguido por el buen patriota, le contesta en esta forma:

     Pero ¡hombre! todo no ha de ser Numancia:
 La constancia es virtud, pero algo rancia.
 Yo siempre en este género de esgrima
 Me voy al lado del que se halla encima.
     Cuando vi sublevarse al pueblo insano,
 ¡Prorumpí: ¡Viva el pueblo soberano!
     Siguióse la Central; y yo, al encuentro
 Saliendola, me hallé como en mi centro.
     Vino José-primero; y sin gran pena
 De su órden me colgué la berengena.
     Y si despues, rodando mas la bola,
 Viene á mandarnos un bozal de Angola
 Veréis que con el negro me congracio,
 Y aun hundiré á estornudos el palacio.
     Asi se vive en puestos y en honores
 Con solo en la opinion cambiar colores.