Geología (DCB)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


GEOLOGÍA.


«Ciencia moderna que demuestra las fábulas del Génesis? y con la que se prueba hasta la evidencia que «Salomon por inspiracion de Dios ha escrito lo mismo que Voltaire por sugestion del diablo.»

¿Tal gerigonza se podrá dar? ¿que tiene que ver Voltaire con la geología, ni Salomon con el Génesis? Esto es hablar de tolondro, y querer hacer el bu á los páparos con el espantajo de Voltaire, que viene aqui tan á cuento como por los cerros de Ubeda. Ni Voltaire ha escrito ninguna geología, ni Salomon ha escrito el Génesis, ni el Génesis le escribió Moises (su único autor conocido, fuera sea de Dios) para enseñar geología.

Esta es una voz nueva en castellano, compuesta de dos viejas del griego que quieren decir conocimiento de la tierra. Algunos filósofos antiguos y modernos, considerando que la tierra es obra del Criador, que nos destinó a morir en ella, y arrancarla nuestra subsistencia con afán y sudor de nuestra frente, quisieran que no dejásemos de escudriñar sus senos para sacarla los tesoros que encierra en sus entrañas. Mas esto no fué necesario que nos lo dijese la filosofía; antes nos lo habia demostrado la que es madre de la industria, é inventora de todo, la necesidad.

Desde luego hicieron los hombres sus tentativas; y á los primeros golpes brotaron fuentes, se cuajáron sales, y descubriéron los preciosos metales de la reja y la moneda... Pero todo esto es cieno vil y despreciable para ciertos siervos de Dios que comen y beben de bóbilisbóbilis, y se hallan vestidos y calzados sin saber si las cosas cuestan dinero, ó si el dinero cuesta trabajo. Y como estos bienaventurados todo lo hallan en su breviario ó antifonal, segun aquella comun espresion de «cantando lo ganan», creen buenamente que asi como ellos tienen el pegujar en el breviario, los legos hemos de encontrar la piedra filosofal en la Biblia.

La Biblia es un libro muy santo y muy bueno; pero no es una enciclópedia ó repertorio universal de ciencias, artes y oficios, donde haya de acudir el gañan para saber de arache y cavache, el minero para buscar la veta, y el médico para encontrar el remedio de nuestros males.

Tractent fabrilia fabri, se dice muchos siglos ha. Si se hace lo contrario y se trastruecan los oficios, veremos un general trastorno en la república civil y literaria: el físico querrá sujetar la transustanciacion á las leyes químicas; y el teólogo interpretar la naturaleza como la Escritura, buscándola el sentido mistico, acomodatício, anágogico, tropológico, etc. Este continuo quid- proquo que hacen algunos fieles, exaltados de un zelo mas fervoroso que discreto, ha dado motivo á procedimientos en que se han desairado las autoridades de primera gerarquia en la iglesia de Jesucristo. Y pues hablamos de la tierra, voy á referir un caso á propósito de geología, que si no viene bien á logía, vendrá á lo geo.

Corria por el signo piscis el año de 1616, cuando la Congregacion de cardenales inquisidores, con noticia de que un cierto Copérnico prusiano, un español llamado Zúñiga, y un tal Galileo, de feliz memoria, se habian empeñado en parar el sol, y hacer andar la tierra: hubo acaloradas sesiones sobre este punto delicado en que la potestad temporal cruza líneas con la espiritual. El resultado fué fulminar un terrible anatema contra semejante doctrina de terre-moto, «como contraria á la fé, y absurda en filosofía;» fallando Ss. Ems. que la tierra se estuviese quieta, y no hiciese caso de gente revoltosa y levantisca.

Yo no sé si se dió traslado á la tierra, ni si ella se dió por notíficada. Lo que dice la Historia, es que el año de 33 se volvió á empeñar Galileo en que el sol se habia de estar quedo, y la tierra habia de andar; y el Santo-Tribunal se empeñó en que él no habia de andar suelto. Encerráronle, y arguyéndole un dia en la prision el cardenal Belarmino, para desaferrarla de su tema: «¿Podéis dudar, querido Galileo (le decia), del movimiento del sol, cuando la Sagrada-Escritura dice terminantemente que Josué le dijo al sol: Sol, no te muevas; y el sol se paró en mitad de su carrera? [1] --Pues ved ahí, Em. Sr. (contestó con prontitud el preso), ved ahí porque digo yo que el sol está parado; porque Josué le paró. -A esto no tuvo á bien responder S. Em.

Galileo persistió negativo y preso hasta que aburrido de cárcel, y movido de las instancias de sus amigos, se presentó á abjurar de su doctrina. Este paso se le resistió de tal manera, que en el acto mismo de la abjuracion se le escapó del alma aquel dicho tan celebrado de los filósofos (e pur si move), que falfulló entre dientes al hacer la señal de la cruz.

De allí á algunos años la corte romana tuvo por conveniente alzar á la tierra el entredicho, permitiéndola andar ó pararse á su voluntad, con tal que no negase la asistencia á sus inquilinos.

No digo mas, y dejo al discreto lector que allá á sus solas.... soliloquie.


  1. Sol, ne movearis... Stetit itaque Sol in medio caeli.
    JOSUÉ, C. X.