Fanatismo (DCB)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


FANATISMO.


Amor es duende ímportuno
Que al mundo enredado tray;
Todos dicen que le hay,
Mas no le ha visto ninguno.

Si el diccionarista se conociera que habia aburrido en leer retazos de poetas españoles, el tiempo que se le trasluce ha malogrado en leer párrafos sueltos de teologastros, heresiarcas, y filosofistas estrangeros; creeria que habia desatado en su prosa ramplona el concepto de estos cuatro versos de Solís, con el fin de sazonar el presente artículo que dice así:

«Fanatismo. -Este es un duende que nadie da con él por mas diligencias que se hacen para ello, y solos los filósofos lo conocen: por lo que es preciso que nos lo describan, para que podamos conocerle, y precavernos de su influjo maligno.»

Será vd. servido, señor mio. Y pues confiesa sin tormento que solos los filósofos lo entienden, yo pecador filósofo (aunque indigno) voy á esplicárselo segun lo permita mi rudeza.

En primer lugar el fanatismo no es un duende, sino una enfermedad físico-moral. una enfermedad cruel y casi desesperada; porque los que la padecen, aborrecen mas la medicina que la enfermedad. Es una como rabia canina que abrasa las entrañas, especialmente á los que arrastran hopalandas. Sus síntomas son bascas. convulsion, delirio, frenesí: en su último período degenera en licantopía y misantropía, en cuyo estado, verdaderamente lastimoso, el enfermo se siente con arranques de degollar a todos los que no sienten ó piensan como él, aunque sean de su misma sangre, máxime si chocan con sus intereses y apetitos; y aun quisiera hacer una hoguera y quemar á medio linage humano.

Es mal contagioso que se introduce por el oido, por los ojos, y se pega principalmente por el trato y la concomitancia, por el uso de una misma ropa, etc.: á veces se hereda.

Hay dos especies de fanatismo: religioso y político. Algunos fisiologistas añaden tercera especie, el filósofo; pero esta no está admitida por los sabios. Aquel es el mas violento: y cuando el primero y el segundo prenden en una nacion, hacen lilas estragos que la guerra, la hambre, la peste y la medicina: si una vez se llegan a arraigar, duran siglos.

Los franceses, como tan súpitos y sanguinos, son muy ocasionados á todos los furores del fanatismo. Por fanatismo religioso hicieron en 1572 la horrible matanza de 24 de agosto, de donde tomó orígen la frase atroz de hacer San Bartolomé. En solo Leon fueron degolladas dos mil personas: á raudales corrió por toda la Francia revuelta la sangre de padres, hijos y hermanos.

Por fanatismo politico, sino encendieron, atizaron frenéticos veinte años ha la revolucion mas bárbara acaso que ha afligido á pueblo alguno, y sin duda la mas funesta á la libertad del mundo.

¿Que diré de la guerra inhumana e impía con que nos atormentan esos fanáticos rabiosos?

Entre todos los perturbadores de la república, ninguno hay mas díscolo e irrefrenable que el fanático religioso; porque con el entusiasmo de que Dios le dicta su ley suprema, desprecia como de menos valer todas las leyes humanas y endiosado así, se cree superior á todos los hombres, á todas las leyes, y á todos los gobiernos. ¿Que se ha de hacer, dice un buen facultativo, con un espiritado que á título de que vale mas obedecer á Dios que á los hombres, se imagina que del rey abajo inclusive está en obligacion de degollar á cuantos no cumplen con lo que él se figura ser la ley de Dios? Una jaula es poco, y la horca no sé si es mucho.

Séase lo que se quiera, los inspectores de salud pública deben velar diligentes contra, el fanatismo de cualquiera especie para luego que apunte el menor germen de infeccion, ahogarle antes que se desarrolle; porque, desarrollado, no hay fuerza que sea poderosa á atajar su furia.

Era este pueblo se han sentido ya algunas ráfagas de este mal. De él estaba intensamente aquejado el truculento autor del Apéndice a la Gaceta de Cádiz, cuando concitó al pueblo gaditano á que se armase de puñales, no para acometer á los enemigos que tiene al frente, sino para clavárselos al corazon á sus mismos hermanos.

¡Jupiter! lanza rayos y venablos.
Si esto es ser santo, vale mas ser diablos.