Francmasones (DCB)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


FRANCMASONES.


Aquel célebre piscator Salmantino, almanaquista de por vida, filósofo y coplero, todo en una pieza, matemático ademas, y como tal tenido por brujo y delatado á la Inquisicion (aunque era buen cristiano); el Dr. D. Diego de Torres, en fin, cuenta en la historia de su vida que trajo no sé que tantos años consigo una onza de oro, para dársela á la primera bruja que encontrase; y al cabo se fué al otro mundo sin desprenderse de la dichosa medalla. No quiero yo decir que tengo otra tal para el primer francmason que encuentre; pues en el dia por una onza, diablos encarnados, cuanto mas francmasones dirian mil que eran, aunque lo fuesen tanto como yo soy la papisa Juana. Ni menos digo que la existencia de los francmasones está en igual predicamento que la de las brujas. Digo, empero, que los francmasones que díz que hay entre nosotros, deben de ser como los diablos de teatro, que travesean en las tablas, entre los interlocutores, sin ser de ellos vistos ni oidos.

A muchas personas oigo hablar de francmasones; pero yo, aunque mas diligencias he hecho por ver que casta de pájaros son, jamas he columbrado ninguno. Dicen que son como los cáravos, aves nocturnas: serán todo lo que se quiera, menos cosa buena; que si buenos fueran, no se esconderían, ellos tanto de los hombres de bien.

Por último, dicen que para conocerlos es menester ser de ellos: el autor del Diccionario razonado manual parece que lo es, segun los pinta con pelos y señales. Los francmasones dice que son los hermanos de «una cofradía de hombres de todas naciones y lenguas, donde, aunque se admite indiferentemente toda casta de pájaros, se ha notado que solo se ascriben los reyes como Napoleon, los grandes como Campo-Alange, los ministros como Ofárril, los filósofos como Urquijo, los canónigos como Llorente, y los abates (no sino frailes-fraíles) como Estala.» -¡Hola, hola! ¿también danzais vos en esa bella union, buen escolapio? Estrañábalo yo que el P. Pedro... En fin, no hay función sin fraile.