Íncubos (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Íncubos

¿Ha habido íncubos y subcubos? todos nuestros sabios demonógrafos admiten igualmente los unos y los otros.

Estos sabios pretenden que el diablo que está siempre alerta, inspira sueños lascivos a los jóvenes señoritos y a las jóvenes señoritas; que no deja de recoger el resultado de los sueños masculinos, y que lo lleva calentito y con mucha curiosidad al receptáculo femenino, que le está destinado naturalmente. Esto es lo que ha producido tantos héroes y semidioses en la antigüedad.

El diablo se tomaría un trabajo muy superfluo; no hay mas que dejar a los jóvenes y a las señoritas, y ellos sabrán dar héroes al mundo sin el socorro del diablo.

Por esta explicación del gran Delrio, de Boguet y de otros sabios en hechicería se conciben los íncubos; pero no da razón de los subcubos. Una muchacha puede hacer creer que ha dormido con un genio, o con un dios, y que este dios le ha hecho un hijo. La explicación de Delrio le es muy favorable: el diablo ha depositado en ella la materia de un hijo, tomada del sueño de un joven; ella está en cinta, y pare sin que se le pueda echar nada en cara: el diablo ha sido su íncubo. Pero si el diablo se hace subcubo es una cosa muy distinta; es necesario que sea diabla, es necesario que entre en ella el semen del hombre; y entonces esta diabla es la hechizada, y a la que le hacemos un hijo.

Los dioses y las diosas de la antigüedad lo hacían de una manera mucho más limpia y más noble. Júpiter en persona fue el íncubo de Almena y de Semelé: Tetis en persona fue la subcuba da Peleo, y Venus la de Anquíses, sin haber recurrido a todos los subterfugios de nuestra diablería.

Observemos solamente que los dioses acostumbraban a disfrazarse para conseguir a nuestras mozas, unas veces en águila, otras en paloma o en cisne, en caballo o en lluvia de oro: pero las diosas no se disfrazaban nunca, pues no tenían nada más que mostrarse para agradar. Ahora bien, yo sostengo que si los dioses se metamorfoseaban para entrar sin escándalo en las casas de sus queridas, estos dioses tomaron su forma natural desde el momento en que fueron admitidos. Júpiter no pudo gozar de Danae cuando no era mas que oro; y se hubiera visto muy embarazado con Leda y ella también, si no hubiera sido mas que cisne; pero en uno y otro caso volvió a ser dios, es decir, un hermoso joven, y gozó.

En cuanto a la manera nueva de hacer muchachos por el ministerio del diablo, no podemos dudar de ella, porque la sorbona decidió la cosa desde el año de 1318.

Per tales artes, et ritus impios et invocationes doemonum, nullus unquám sequatur effectns ministerio doemonum, error. In libro de Promotione.

"Es un error creer que nunca se siguió ningún efecto de estas mágicas y de estas invocaciones."

Jamás ha revocado la sorbona esta sentencia; y así debemos creer en los íncubos y en los subcubos, porque nuestros maestros los han creído siempre.

también hay otros muchos maestros. Bodin refiere en su libro de los hechiceros, dedicado a Cristóbal de Thou primer presidente del parlamento de París, que Juana Hervilier natural de Verbería fue condenada por aquel parlamento a ser quemada viva, porque había prostituido su hija al diablo, que era un hombre alto y negro que tenia el semen helado. Esto parece contrario a la naturaleza del diablo: pero al fin nuestra jurisprudencia ha admitido siempre que el esperma del diablo es frío; y el número prodigioso de hechiceras que ha condenado al fuego, ha convenido siempre en esta verdad.

El celebre Pico de Mirandola (un príncipe no miente) dice, [1] que ha conocido un viejo de ochenta años que había dormido la mitad de su vida con una diablesa o diabla, y otro de setenta años que había tenido la misma ventaja. Ambos fueron quemados en Roma; pero no nos dice lo que sucedió a sus hijos.

He aquí los íncubos y los subcubos demostrados.

Por lo menos es imposible probar que no los ha habido; porque, si es de fe que hay diablos que entran en nuestros cuerpos, ¿quien les impedirá que nos sirvan de mujeres, y que entren en nuestras mozas? Si hay diablos, hay probablemente diablesas también. Y así para ser consiguiente se debe creer que los diablos masculinos hacen hijos a nuestras mujeres, y que nosotros se los hacemos a los diablos femeninos.

Jamás ha habido ningún imperio más universal, que el del diablo. ¿Quién le ha destronado? La razón. [2]


  1. Pag. 104, edic. en 4.
  2. Véase BEKEK.