Ley Natural (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Ley Natural

Diálogo.[editar]

B. ¿Qué cosa es ley natural? [1]

A. El instinto que nos hace sentir la justicia.

B. ¿Qué llamas justo e injusto?

A. Lo que parece tal a todo el universo.

B. El universo está compuesto de muchas cabezas. Se dice que en Lacedemonia se aplaudía a los robos, por los que se condenaba a las minas en Atenas.

A. Abusos de palabras cometerse el robo, por que todo era común. Lo que tú llamas robo era el castigo de la avaricia.

B. En Roma estaba prohibido casarse con su hermana; y entre los Egipcios, los Atenienses, y aun entre los judíos era permitido casarse con la hermana de padre. Con sentimiento cito este desdichado y pequeño pueblo judío, que seguramente no debe servir a nadie de regla, y que (poniendo a parte la religión) nunca fue más que un pueblo de bandoleros ignorantes y fanáticos. Pero al fin, según sus libros, antes de que Thamar se hiciese violar por su hermano Ammon, le dijo: "Hermano mío, no me hagas tonterías, sino pídeme en matrimonio a padre, que no te rehusará."

A. Todas esas son leyes de convención, usos arbitrarios y modas que pasan: lo esencial subsiste siempre. Muéstrame un país donde sea honrado quitarme el fruto de mi trabajo, violar su promesa, mentir con perjuicio, calumniar, asesinar, envenenar, ser ingrato con su bienhechor, y pegar a tu padre y a tu madre cuando te presentan de comer.

B. ¿Has olvidado que Juan Santiago, uno de los padres de la iglesia moderna, ha dicho, que "el primero que tuvo la osadía de cercar y cultivar un terreno, fue el enemigo del género humano, que era necesario haberlo exterminado, y que los frutos son de todos, y que la tierra no es de nadie?" ¿No hemos examinado ya esta hermosa proposición, tan útil a la sociedad?

A. ¿Quién es ese Juan Santiago? Sin duda no es ni Juan Bautista, ni Juan Evangelista, ni Santiago el menor, ni el mayor: preciso es que sea algún Huno, talento de moda, el que ha escrito esa abominable impertinencia, o algún gracioso sin gracia, bufo magro, que haya querido reírse de lo mas serio que hay en todo el mundo: porque en lugar de ir a asolar el terreno de un vecino sabio e industrioso; era mejor imitarlo; y si cada padre de familia hubiera seguido este ejemplo, pronto se formaba una bonita aldea. El autor de ese pasaje me parece un animal muy insociable.

B. Luego tú crees que ultrajando y robando al hombre que puso la primera cerca a su jardín y su gallinero, se faltaría a los deberes de la ley natural.

A. Sí, mil veces sí: hay una ley natural; y esta no consiste ni en hacer mal a otro, ni en alegrarse de ello.

B. Yo concibo que el hombre no ama, ni hace el mal, sino por su ventaja. Pero tantas gentes son inclinadas a procurarse su ventaja por la desgracia de otro; la venganza es una pasión tan violenta, de la que hay ejemplos tan funestos; y la ambición que es mas funesta todavía ha inundado la tierra de tanta sangre, que cuando pienso en estos horrores, estoy cerca de confesar que el hombre es muy diabólico. En vano tengo en mi corazón la noción de lo justo y de lo injusto; un Atila, cortejado por san León; un Focas adulado por san Gregorio con la mas infame bajeza; un Alejandro VI manchado con tantos homicidios, con tantos envenenamientos, y con quien el débil Luis XII, que se llama Bueno, hace la mas indigna y la mas estrecha alianza: un Cromwel, cuya protección solicita el cardenal Mazarino, y por el que echa de Francia a los herederos de Carlos I, primos hermanos de Luis XIV, &, &; cien ejemplos como estos trastornan mis ideas y yo no se donde estoy.

A. Y bien; ¿impiden las tormentas que gocemos de los hermosos días serenos? ¿Te impidió hacer tu viaje a Madrid con mucha comodidad el temblor de tierra que derribó la mitad de Lisboa? Si Atila fue un facineroso y el cardenal Mazarino un bribón, ¿no hay príncipes y ministros hombres de bien? ¿No has reparado que cuando la guerra de 1701 estaba compuesto el consejo de Luis XIV de los hombres mas virtuosos; el duque Beauvilliers, el marques de Torci, el mariscal de Villars, y en fin Chamillar, que pasó por incapaz, pero jamás por un mal hombre? ¿No subsiste siempre la idea de la justicia? En ella se fundan todas las leyes. Los Griegos las llamaban hijas del cielo, lo que no quiere decir mas que hijas de la naturaleza.

¿No tenéis vosotros leyes en vuestro país?

B. Sí: unas buenas y otras malas.

A. ¿Dónde has tomado esa idea, sino en las nociones de la ley natural, que todo hombre tiene en sí mismo, cuando tiene sano el entendimiento? Es indispensable haberla tomado en esta ley natural, o en ninguna parte.

B. Tienes razón; hay una ley natural; pero para muchas gentes es todavía mas natural el olvidarla.

A. También es natural ser tuerto, jorobado, cojo, contrahecho, o enfermizo; pero las gentes bien hechas y sanas son preferidas.

B. ¿Por qué hay tantos entendimientos tuertos y contrahechos?

A. ¡Silencio! Pero anda al artículo Poder omnipotencia.


  1. Con todo este diálogo está tomado de las conversaciones entre A, B, y C, diálogos, tom. I.