Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos: Capítulo XVI

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Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos
Capítulo XVI: Pronombres relativos, y primeramente el relativo que
de Andrés Bello


303 (a). Analizando el ejemplo siguiente: «Las estrellas son otros tantos soles; éstos brillan con luz propia»; se ve que se compone de dos proposiciones: las estrellas es el sujeto, y son otros tantos soles el atributo de la primera; éstos (adjetivo sustantivado) es el sujeto, y brillan con luz propia el atributo, de la segunda.

Éstos reproduce el sustantivo soles precedente, y enlaza en cierto modo la segunda proposición con la primera; pero este enlace es flojo y débil; echamos menos una conexión más estrecha. Las enlazaremos mejor sustituyendo a éstos la palabra que: «Las estrellas son otros tantos soles que brillan con luz propia». Que tiene el mismo significado que éstos; es un verdadero demostrativo; pero se diferencia de los demostrativos comunes en que la lengua lo emplea con el especial objeto de ligar una proposición con otra.

304 (153). Llámanse relativos los demostrativos que reproducen un concepto anterior, y sirven especialmente para enlazar una proposición con otra. El de más frecuente uso es que, adjetivo de todo género, número y persona. En el navío que viene de Londres es de género masculino, número singular y tercera persona; en vosotras que me oís es de género femenino, número plural y segunda persona. Debemos siempre concebir en él, no obstante su terminación invariable, el género, número y persona del sustantivo reproducido, que se llama su antecedente.

305 (154). Que puede ser sujeto, término y complemento. En todos los ejemplos anteriores es sujeto; es complemento acusativo en la casa que habitamos, y término en las plantas de que está alfombrada la ribera.

306 (155). La proposición de que el relativo adjetivo forma parte, especifica unas veces y otras explica. En este ejemplo: «Los muebles de que está adornada la casa que habitamos, son enteramente conformes al gusto moderno», la proposición que habitamos (en que se calla el sujeto nosotros) especifica al sustantivo casa; y la proposición de que está adornada la casa, especifica al sustantivo muebles. La primera depende de la segunda, y ésta de la proposición independiente los muebles son enteramente conformes al gusto moderno. Pero en el ejemplo siguiente: «Ella, que deseaba descansar, se retiró a su aposento», la proposición que deseaba descansar no especifica sino explica a ella, y por eso se dice aquí ella y no la. Sucede muchas veces que en la recitación el sentido especificativo no se distingue del explicativo, sino por la pausa que suele hacerse en el segundo, y que en la escritura señalamos con una coma. En «Las señoras, que deseaban descansar, se retiraron», el sentido es puramente explicativo, se habla de todas las señoras. Quitando la coma en la escritura, y suprimiendo la pausa en la recitación, haríamos especificativo el sentido, porque se entendería que no todas sino algunas de las señoras, deseaban descansar, y que sólo éstas se retiraron. Si suprimiésemos señoras, sustantivando el artículo, diríamos en el sentido explicativo ellas, que, y en el especificativo las que.

307 (156). La proposición especificativa se llama subordinada, y la proposición de que ésta depende subordinante. La proposición explicativa se llama incidente, y la de que ésta depende principal. Las proposiciones incidentes son en cierto modo independientes, y así es que sin alterar en nada el sentido del anterior ejemplo, se podría decir: «Las señoras deseaban descansar y se retiraron».

308 (157). Se llama oración toda proposición o conjunto de proposiciones que forma sentido completo: de que está alfombrada la ribera es proposición perfecta, pero no es oración.

309 (158). Una proposición que respecto de otra es principal o subordinante, respecto de otra tercera puede ser incidente o subordinada. En este caso se halla en uno de los ejemplos anteriores la proposición de que está adornada la casa, subordinante respecto de que habitamos, y subordinada con relación a los muebles son, etc.

310 (a). A veces el relativo reproduce varios sustantivos a un tiempo: «Quien quisiere saber qué tan grandes sean las adversidades y las calamidades y pobreza que están guardadas para los malos, lea», etc. (Granada).

311 (b). A veces también el relativo que reproduce dos antecedentes a un tiempo, y se le agregan expresiones demostrativas para dar a cada antecedente lo que le pertenece: «Adornaron la nave con flámulas y gallardetes, que ellos azotando el aire, y ellas besando las aguas, hermosísimas vista hacían» (Cervantes).

312 (159). En todos los ejemplos anteriores el relativo que es un adjetivo, aunque sustantivado. Mas así como de los demostrativos adjetivos este, ese, aquel y él o el, nacen los sustantivos neutros esto, eso, aquello y ello o lo, del relativo adjetivo que nace el sustantivo neutro que, semejante en la forma, pero de diferente valor, como vamos a ver.

«Esto que te refiero es puntualmente lo que pasó». Que reproduce a los sustantivos neutros esto y lo; por consiguiente es también un sustantivo neutro, porque es propio de los neutros el ser representados por sustantivos de su género y no por terminaciones adjetivas.

«Servir a Dios, de que depende nuestra felicidad eterna, debe ser el fin que nos propongamos en toda la conducta de nuestra vida». El primer que reproduce al infinitivo servir a Dios; por consiguiente es neutro, porque los infinitivos lo son. En efecto, de que significa aquí de esto; sin que haya entre las dos expresiones otra diferencia que el de servir la primera, y no la segunda, para ligar más estrechamente una proposición con otra.

«Llamáronla (los españoles) isla de San Juan de Ulúa, por haber llegado a ella el día del Bautista, y por tener su nombre el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja» (Solís). En que es en esto, y reproduce la proposición anterior, como si se dijese que en haberse dado aquel nombre a la isla andaría, etc.

313 (a). El que sustantivo puede, como los demostrativos esto, eso, etc. (151c), reproducir colectivamente varios sustantivos que significan cosas. «Quitáronle los bandoleros las joyas y dineros que llevaba, que era todo lo que le quedaba en el mundo». Aquí el que significa esto. Pero podría también decirse que eran, y entonces el que significaría esta ropa y dinero, y sería adjetivo plural.

314 (160). El neutro que tiene también, como es propio de los demostrativos de su género, el oficio de reproducir nombres precedentes bajo el concepto de predicados. «El suelo de Holanda, cruzado de innumerables canales, de estéril e ingrato que era, se ha convertido en un jardín continuado» (Jovellanos): es como si se dijese, de estéril e ingrato (eso era) se ha convertido, etc., reproduciendo a estéril e ingrato como predicados de él, esto es, de el suelo de Holanda, sujeto tácito de era. Eso era y que era significan una misma cosa, con la sola diferencia de enlazarse estrechamente las proposiciones por medio del que; mientras que diciendo eso era, quedaría esta proposición como desencajada y formaría un verdadero paréntesis.

315 (a). La misma construcción aparece en don N., cónsul que fue de España en Valparaíso; expresión que, sustituyendo un demostrativo común al relativo, se resuelve en don N., cónsul (lo fue de España en Valparaíso), donde los complementos de España, en Valparaíso, modifican a lo, que representa a cónsul, y lo hace predicado de él, sujeto tácito de fue.

«Se me hace escrúpulo grande poner o quitar una sola sílaba que sea» (Santa Teresa): que sea, llenando la elipsis, es que ello sea o que lo que se pone o se quita sea; y apenas es necesario decir que el relativo, como el demostrativo que se le sustituye, reproduce a una sola sílaba bajo el concepto de predicado del sujeto ello.

Hemos visto al neutro que hacer los varios oficios de sujeto, complemento, término y predicado, pero en todos ellos reproduciendo conceptos precedentes y formando un elemento de la proposición incidente o subordinada. Ahora vamos a verle ejercer una función inversa.

316 (161). El sustantivo que pertenece muchas veces a la proposición subordinante y no reproduce ninguna idea precedente, sino anuncia una proposición que sigue: «Que la tierra se mueve al rededor del sol es cosa averiguada», es como si dijéramos, esto, la tierra se mueve al rededor del sol, es, etc.; toda la diferencia entre esto y que se reduce a que empleando el primero quedarían las dos proposiciones flojamente enlazadas. Proposición subordinante, que es una cosa averiguada; proposición subordinada, señalada por el que anunciativo, la tierra se mueve al rededor del sol. Que es el sujeto de la proposición subordinante.

317 (162). Otras veces este que sustantivo y anunciativo es complemento o término: «Los animales se diferencian de las plantas en que sienten y se mueven»: en que es en esto; que es término de la preposición en.

«Los fenómenos del universo atestiguan que ha sido criado por un ser infinitamente sabio y poderoso»: atestiguan que es atestiguan esto; que es la cosa atestiguada; complemento acusativo de atestiguan.

318 (a). Pueden, pues, los relativos, no sólo reproducir un concepto precedente, sino anunciar un concepto subsiguiente; en lo que no se diferencian de los otros demostrativos, pues decimos: «Las cuatro partes del mundo son éstas: Europa, Asia, África y América».

319 (b). El que anunciativo es neutro, y, como todos los neutros, concierta con la terminación masculina del adjetivo: «Es falso que le hayan preso»; «No es justo que le traten así». Pero lo más notable, y lo que prueba, a mi ver, demostrativamente, que nuestro género neutro existe sólo en cuanto a la representación de conceptos, y en cuanto a la concordancia se confunde con el masculino, es la construcción del que anunciativo con la terminación masculina del artículo: «El que los montes se reproducen por sí mismos», dice Jovellanos que es cosa averiguada; «Parecieron estas condiciones duras; ni valió, para hacerlas aceptar, el que Colón propusiese contribuir con la octava parte de los gastos» (Baralt y Díaz). En efecto, desde que el artículo, en vez de construirse con el que, lo reproduce, ya no decimos él, sino ello. «Se espera que tantos escarmientos le arredrarán, pero no hay que contar con ello». Ni vale decir que el artículo se refiere, no al que sino a la proposición subordinada, que especifica a éste; porque siempre sale lo mismo: una proposición subordinada es masculina en su concordancia, y neutra en su reproducción, como sucede con los infinitivos.

320 (163). Los pronombres relativos pasan a interrogativos acentuándose. «¿Qué pasajeros han llegado?»: el qué es aquí adjetivo y forma con pasajeros el sujeto de la proposición. «¿Qué ha sucedido?»: el qué hace de sujeto y es un sustantivo, porque envuelve el significado de cosa o cosas. «¿Qué es la filosofía?»: este qué tiene aquí el mismo significado, y por consiguiente es sustantivo, pero se adjetiva sirviendo de predicado a filosofía y de modificativo a es. «¿Qué noticias trajo el vapor?»: qué, adjetivo; qué noticias, complemento acusativo de trajo. «¿Qué aguardamos?»: qué, sustantivo, equivalente a qué cosa o qué cosas, y complemento acusativo de aguardamos. «¿A qué partido nos atenemos?»: qué, adjetivo; qué partido, término de la preposición a. «¿En qué estriban nuestras esperanzas?»: qué, sustantivo y término de la preposición en.

321 (164). La interrogación en los ejemplos anteriores es directa, porque la proposición interrogativa no es parte de otra. Si la hacemos sujeto, término o complemento de otra proposición, la interrogación será indirecta, y no la señalaremos en la escritura con el signo ?, sino sólo con el acento del pronombre. «No sabemos qué pasajeros han llegado»; «Preguntaban qué noticias traía el vapor»; «Ignoro en qué estriba su esperanza». En estos tres ejemplos la proposición interrogativa indirecta es acusativo, porque significa la cosa no sabida, preguntada, ignorada. Si dijésemos: «Qué noticias haya traído el correo es hasta ahora un misterio», la proposición interrogativa indirecta sería sujeto del verbo es, y si dijésemos: «Están discordes las opiniones sobre qué partido haya de tomarse», la haríamos término de la preposición sobre.

322 (a). De lo dicho se sigue que un complemento puede tener por término, no sólo un sustantivo, un predicado, un adverbio, un complemento, sino también una proposición interrogativa indirecta, pero es porque las proposiciones interrogativas indirectas hacen en la oración el oficio de sustantivos.


Las expresiones relativas el que, lo que

323 (165). Las expresiones el que, la que, los que, las que, lo que, se deben considerar una veces como compuestas de dos palabras distintas, y otras como equivalentes a una sola palabra.

324 (166). En el primer caso el artículo está sustantivado y sirve de antecedente al relativo: «Los que no moderan sus pasiones son arrastrados a lamentables precipicios»: los es los hombres, antecedente de que y sujeto de son, y se prefiere esta forma abreviada a la íntegra ellos, porque la proposición que sigue especifica. «Lo que agrada, seduce»: lo (sustantivo, porque de suyo envuelve la idea de cosa o cosas) es antecedente de que y sujeto de seduce; se dice lo, no ello, por causa de la proposición especificativa que sigue. Siempre que las expresiones dichas se componen verdaderamente de dos palabras distintas, el artículo pertenece a una proposición y el relativo a otra.

325 (167). En el segundo caso el artículo no es más que una forma del relativo, por medio de la cual se determina si es sustantivo o adjetivo, y cuál es, en cuanto adjetivo, su género y número. «La relación de las aventuras de don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, en la que los lectores vulgares sólo ven un asunto de entretenimiento, es un libro moral de los más notables que ha producido el ingenio humano» (Clemencín). El la de la que no hace más que dar una forma femenina y singular al que; la y que son un solo elemento gramatical, un relativo que pertenece todo entero a la proposición incidente, donde sirve de término a la preposición en; y el antecedente de este relativo es la relación, que con la frase verbal es un libro, etc., a la cual sirve de sujeto, compone la proposición principal. «Los reos fueron condenados al último suplicio; lo que causó un sentimiento general»; el lo de lo que no hace más que determinar el carácter sustantivo y neutro del relativo; así lo y que componen un solo elemento, que hace de sujeto en la proposición incidente, y reproduce (como suelen hacerlo los neutros) todo el concepto de la proposición principal, como si se dijese, el haber sido condenados los reos al último suplicio causó, etc.

326 (a). El que anunciativo se junta a veces, según ya hemos notado, con la terminación masculina del artículo, como cuando dice Villanueva: «No podía yo mirar con indiferencia el que se infamase mi doctrina». Los dos elementos no forman entonces una palabra indivisible; el artículo adjetivo conserva su naturaleza de tal, como en el infamar o la infamia; y sin embargo, ambos pertenecen a una misma proposición, como siempre lo hacen el sustantivo y su artículo.

327 (b). Cuando el artículo se combina con el relativo formando un elemento gramatical indivisible, deberían ambos escribirse como una sola palabra, elque, laque, a la manera que lo hacen los franceses en lequel, laquelle.


El relativo quien

328 (168). En lugar de las expresiones el que, la que, los que, las que, ya formen dos palabras o una sola, empleamos muchas veces el sustantivo quien, quienes, cuando el relativo se refiere a persona o cosa personificada: «La culpa no fue tuya, sino de quien te aconsejaba»: este quien quiere decir la persona que, y es un relativo que lleva en sí mismo su antecedente. «Fuimos a saludar al gobernador de la plaza, para quien traíamos carta de recomendación»: para quien es para el que, y su antecedente es el gobernador; el quien no lleva, pues, envuelto su antecedente, que está en la proposición principal.

329 (a). El uso moderno del relativo quien es algo diferente del que vemos en los escritores castellanos hasta después de la edad de Cervantes y Lope de Vega: «Quiérote mostrar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre» (Cervantes). El uso del día autoriza el segundo de estos quien, porque se refiere a persona; pero no el primero, porque le falta esa circunstancia. «Podéis bautizar vuestros sonetos y ponerles el nombre que quisiéredes, ahijándolos al preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien hay noticia que fueron famosos poetas» (Cervantes). Hoy diríamos de quienes, porque damos a quien dos terminaciones, singular y plural, como a veces lo hizo Cervantes: «Ves allí, Sancho, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quienes» etc.

330 (169). Quien, sin embargo, no se limita hoy tan estrictamente a personas, que no se refiere algunas veces a cosas, cuando en éstas hay cierto color de personificación, por ligero que sea. Así no tienen nada de repugnante para nuestros oídos estos versos de Rioja:

«A ti, Roma, a quien queda el nombre apenas,
Y a ti, a quien no valieron justas leyes,
Fábrica de Minerva, sabia Atenas»,

ni aquellos en que dice Ercilla, hablando de la codicia:

«Ésta fue quien halló los apartados
Indios de las antárticas regiones».

331 (170). Cuando quien no lleva en sí mismo su antecedente, no puede ser sujeto de una proposición especificativa; no se podría, pues, decir, el hombre quien vino. Sirve sí a menudo de sujeto en las proposiciones explicativas: «Esta conducta (de Gonzalo de Córdoba) fue la que en la batalla de Albuhera le granjeó la alabanza del general; quien, dando al ejército las gracias de la victoria, aplaudió principalmente a Gonzalo; cuyas hazañas, decía, había distinguido por la pompa y lucimiento de sus armas» (Quintana).

332 (171). Cuando lleva envuelto su antecedente, pertenece parte a una proposición, y parte a otra:

«Las virtudes son severas,
Y la verdad es amarga:
Quien te la dice te estima,
Y quien te adula te agravia».

(Meléndez)

De los dos elementos de quien, el antecedente es sujeto de estima y agravia, y el relativo es sujeto de dice y adula.

333 (172). Quien se hace interrogativo acentuándose. Equivale entonces a qué persona, y puede ser sujeto, predicado o término: «¿Quién ha venido?», «¿Quién era aquella señora?», «¿A quién llamas?», «¿Con quiénes estaban?». La interrogación puede ser también indirecta: «No sabemos quién ha venido». «Se preguntó quién era la señora».


El relativo posesivo cuyo

334 (173). Cuyo, pronombre adjetivo, que es a un tiempo posesivo y relativo, equivale a de que o de quien, en el sentido de posesión o pertenencia; como suyo equivale a de él, de ella, de ellos, de ellas, de ello: «El árbol, cuyo fruto comimos; a cuya sombra estábamos sentados; cuyos ramos nos defendían del sol; cuyas flores perfumaban el aire». «Lo más alto a cuya consecución nos es dado aspirar».

335 (174). Hácese interrogativo acentuándose: «¿Cúyo es aquel hermoso edificio?», «¿Cúyos eran los versos que se recitaron en la clase?».

336 (a). Esta práctica es extremadamente limitada, ya porque cuyo debe referirse a personas, y ya porque (según el uso corriente) sólo tiene cabida en predicados que modifiquen al verbo ser, como en los ejemplos anteriores. No creo que sean aceptables en el día las construcciones: «¿Cúyo buque ha naufragado?», «¿Cúya casa habitas?», «¿A cúya protección te acoges?», sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez, y la autoridad de nuestros clásicos.

«Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?».

(Garcilaso)

«¿A cúyo servicio está (un hijo) más obligado que al del padre que le engendró?».

(Granada)

337 (b). Cúyo se emplea asimismo en interrogaciones indirectas: «Entre la cena le preguntó don Rafael que cúyo hijo era» (Cervantes). Ésta es una regla general para todas las palabras interrogativas, por lo que no la repetiremos sino cuando haya algo especial que notar.