Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos: Capítulo XXXVII

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1007 (370). Llámanse con especial propiedad comparativos las palabras más y menos, y todas las palabras y frases que se resuelven en éstas o que las contienen, y que, como ellas, llevan o pueden llevar en pos de sí la conjunción comparativa que, por medio de la cual se comparan dos ideas bajo la relación de cantidad, intensidad o grado: «En los hechos que celebra la fama suele haber más de interés y de amor propio, que de verdadera virtud»; aquí más es sustantivo y acusativo del impersonal haber, y el que conjuntivo compara bajo la relación indicada los sustantivos interés y amor propio con el sustantivo verdadera virtud, términos todos ellos de la preposición de: «Más es perdonar una injuria que vengarla»: el que conjuntivo compara dos sujetos de ser, modificado por el sustantivo más, que se adjetiva sirviendo de predicado (§ 38); el orden natural sería perdonar una injuria es más que vengarla. «¿Qué cosa más fiera que el león?»: compáranse qué cosa y león, y más es adverbio. Podemos comparar de la misma manera adjetivos: «Más noble que venturoso»; verbos: «Más juega que trabaja»; adverbios: «Menos magnífica que elegantemente adornado» (donde en magnífica se suprime la terminación mente por seguirse otro adverbio que la lleva); complementos: «Más por fuerza que de grado».

1008 (a). A veces la primera de las ideas comparadas va envuelta en el más: «No apetezco más que el reposo de la vida privada»: el más es aquí sustantivo y acusativo de apetezco. A veces se subentiende la segunda de dichas ideas y con ellas el que: «Suspiro por el reposo de la vida privada: no apetezco más». Más se hace adverbio, modificando al verbo, en «Nada apetezco más» (más de veras, más vivamente) y adjetivo en «Nada más apetezco», modificando al neutro nada, y contribuyendo con él a formar el acusativo.

1009 (b). Otro tanto podemos aplicar a menos: «No aspira a menos que a la suprema autoridad»; «En nada piensa menos que en dedicarse a las letras»; «En nada menos piensa que en ocupar un ministerio de Estado». Estos dos últimos ejemplos significan cosas contrarias: piensa ocupar un ministerio, no piensa dedicarse a las letras.

1010 (c). Preséntase aquí una cuestión parecida a la que propusimos poco ha (§ 369, e). ¿Deberá decirse «No tengo más amigo que tú», o «no tengo más amigo que a ti»? La solución es algo diversa. Si la primera de las ideas comparadas está en nominativo o acusativo, se le contrapone el nominativo: «Nadie es más a propósito», a «No conozco a nadie más a propósito que ella para la colocación que solicito». Si dicha idea es término de preposición expresa, se le debe contraponer un complemento formado con la misma preposición: «En nadie tengo más confianza que en ti»; «Tengo con él más intimidad que contigo».

1011 (371). Mayor, menor, mejor, peor, son verdaderos comparativos que se resuelven en más grande, menos grande, más bueno, más malo, y se construyen con la conjunción comparativa que: «No siempre es mayor virtud la generosidad que la justicia»; «Menor es París que Londres»; «El estilo de Terencio es mejor que el de Plauto»; «Peor me siento hoy que ayer»; Mejor y peor se adverbializan a menudo: «Se retienen mejor los versos que la prosa»; «Cada día se portan peor».

1012 (a). No deben considerarse como comparativos, superior, inferior, exterior, interior, ulterior, citerior; porque si bien se resuelven en más (pues superior es lo de más arriba; inferior, lo de más abajo; exterior, lo de más afuera; interior, lo de más adentro; ulterior, lo de más allá; y citerior, lo de más acá), no se construyen con el conjuntivo que: no se dice superior o inferior que, sino superior o inferior a.

1013. Aún habría menos razón para considerar como comparativos a anterior (lo de antes) y posterior (lo de después), puesto que no son resolubles en más.

1014 (372). Por medio del adverbio más se forman frases comparativas que dan este carácter a los adjetivos, adverbios y complementos, verbigracia, más útil, más rico, más lejos, más aprisa, más de propósito, más a la ligera. En lugar de más bueno y más malo se dice casi siempre mejor, peor. Más grande y más pequeño se usan tanto como mayor y menor.

1015 (373). Debemos también mirar como frases comparativas las que se forman anteponiendo el adverbio menos: menos útil, menos aprisa, menos a propósito.

1016 (374). Los comparativos rigen a menudo la preposición de, dejando entonces de hacerse la comparación por medio del que conjuntivo: «Fue más sangrienta la batalla de lo que por el número de los combatientes pudo imaginarse»; «Volvió el Presidente a la ciudad menos temprano de lo que se esperaba»; «Se encontraron al ejecutar la obra mayores inconvenientes de los que se habían previsto». Que lo que o que los que no hubiera sido impropio o extraño; pero se prefiere la preposición como más agradable al oído. Pudiera también decirse elípticamente: «Fue más sangrienta que por el número», etc.; «Menos temprano que se esperaba». Pero después de mayor o menor (como en el último ejemplo) sería dura la elipsis, que en muchos casos pudiera también hacer oscura o anfibológica la frase.

1017 (a). Después de más, si viene luego un numeral cardinal, colectivo, partitivo o múltiplo, se debe usar de en las oraciones afirmativas; pero en las negativas podemos emplear que o de: «Se perdieron más de trescientos hombres en aquella jornada»; «Subió a más de un millón de pesos el costo del muelle»; «Se fue a pique más de la mitad de la flota»; «Ganose en aquella especulación más del duplo de los dineros invertidos en ella». Sustitúyase en estos ejemplos no se perdieron, no se gastó, no se fue a pique, no se ganó, y podrá decirse más de o más que. De la misma manera se usa menos, como podemos verlo poniendo menos en lugar de más en los ejemplos anteriores. Creo con todo que aun en oraciones negativas suena mejor la preposición que el conjuntivo.

1018 (b). Obsérvese que en el primero de estos ejemplos es necesario el plural perdieron, que no concierta con el sustantivo sujeto más, sino con trescientos hombres, término de la preposición de, que sigue; práctica que puede extenderse a los numerales colectivos y partitivos que hacen las veces de cardinales, y vienen seguidos de la preposición de con un término en plural: «No se gastaron menos que un millón de pesos»; «Se fueron a pique más de la mitad de los buques». Pero no sería entonces inadmisible el singular.

1019 (c). El plural del verbo es preferible en las oraciones negativas, cuando más que equivale a la conjunción sino: «No se oían más que lamentos».

1020 (d). Con los verbos ser, parecer y otros análogos, al que conjuntivo seguido de un predicado, no puede sustituirse de: «Al rey Don Pedro de Castilla han querido algunos dar el epíteto de justiciero: fue más que injusto; fue atroz y pérfido»; «Él fue para los huérfanos más que tutor, pues los alimentaba de lo suyo propio»; «No parecían más que unos bandidos».

1021. Dícese mayor o menor de veinticinco años, suprimiendo que antes del complemento.

1022 (e). Los adjetivos más o menos que figuran en una frase sustantiva, como más agua, más vino, más frutas, más calores, más dificultades, más paciencia (§ 53, 2.ª), no son regularmente modificados por adverbios de cantidad, como parecería natural, según lo dicho en el capítulo XXII, sino por los adjetivos alguno, mucho, poco, tanto, harto y otros análogos; y así decimos: «Alguna más agua traen ahora los ríos»; «Pocas más frutas hubieran bastado»; «Muchas más lluvias y tempestades hubo aquel año»; «¡Cuántas más dificultades se presentaron entonces, que las previstas antes de principiar la obra!»; «Harta más paciencia se necesita para corregir una obra, que para hacerla de nuevo». Pero no sucede así en la contraposición, expresa o tácita, de tanto y cuanto: «Cuanto más se ahondaban las labores, menos esperanzas ofrecía la mina».

1023 (f). Si más, menos, se emplean como adverbios, rechazan antes de sí las formas apocopadas muy, tan, cuan: «Mucho más agradable» (no muy), «Tanto menos rico» (no tan), «Cuanto más bello» (no cuan). En nuestros clásicos se ve a menudo lo contrario: «En cosa muy menos importante yo no trataría mentira» (Santa Teresa); «¡Cuán más agradable compañía harán estos riscos y malezas!» (Cervantes); «Habiendo considerado cuán más a propósito son de los caballeros las armas que las letras». (el mismo). En casos como éste se preferiría hoy la forma íntegra contra la regla dada en 189, 190 y 195, sobre todo en prosa, y la forma sincopada llevaría cierta afectación de arcaísmo.

1024 (g). Dícese consiguientemente mucho mayor, cuanto peor, porque estos comparativos envuelven el adverbio más. Con todo, hablando de la salud se emplea corrientemente con el adjetivo mejor la forma abreviada: «La enferma está muy mejor»; «Se siente tan mejor que ha querido dejar la cama». Pero si mejor o peor hace el oficio de adverbio, es de toda necesidad la forma íntegra: «Los enfermos han pasado mucho mejor las primeras horas de la noche».

1025 (375). Hay otra especie de comparación que se hace por medio de palabras o frases a que se da el título de superlativas. En otra parte (§ 106) hemos dado a conocer dos especies de superlativos: los unos llamados absolutos, que en cuanto superlativos carecen de régimen; los otros denominados partitivos, que rigen expresa o tácitamente un complemento formado de ordinario con la preposición de, y significan no sólo, como aquéllos, un alto grado de la cualidad respectiva, sino el más alto de todos, dentro de aquella clase o colección de cosas en que consideramos el objeto: «Demóstenes fue el más elocuente de los griegos»; «El Egipto fue de todas las naciones de que hay memoria, la que más temprano se civilizó». Los superlativos partitivos o de régimen son casi siempre frases que principian por el artículo definido, el cual, combinándose con los comparativos, los vuelve superlativos: «La más constante mujer»; «El más perverso de los hombres»; «Lo más temprano posible»; «El mayor de los edificios de la ciudad»; «El peor de los gobiernos». Hay pocos superlativos de régimen que lo sean por sí, esto es, que no se formen por la combinación antedicha; tales son mínimo, ínfimo, primero, último y postrero.

1026 (a). Mínimo, ínfimo, que se usan como superlativos absolutos en una cosa mínima, un precio ínfimo, son superlativos de régimen en «el mínimo de los seres», «la ínfima de las clases».

1027 (b). Primero, usado como adverbio comparativo en «Primero es la obligación que la devoción», es adjetivo superlativo de régimen en «El primero de los reyes de España», «Lo primero de todo».

1028 (c). Último y postrero se usan como superlativos de régimen: «Tule era la última o la postrera de las tierras de Occidente».

1029. A veces se subentiende el régimen, porque la construcción lo suple: «La más constante mujer» equivale a «La más constante de las mujeres».

1030. Los comparativos y los superlativos de régimen se llaman grados de comparación. El adjetivo o adverbio de que nacen forma el grado positivo. Tenemos pues en los adjetivos o adverbios que son susceptibles de las comparaciones dichas, tres grados: el positivo, el comparativo y el superlativo: docto, más docto, el más docto; doctamente, más doctamente, lo más doctamente. El superlativo absoluto debe más bien considerarse como un mero aumentativo.

(a). Concluiremos con algunas observaciones que no carecen de importancia.

1031. 1.ª En el régimen de los superlativos se sustituye a veces al complemento con de algún otro de valor análogo: «El más profundo entre los historiadores antiguos fue Tácito».

1032. 2.ª Además de estos medios de expresar los diferentes grados de las cualidades, recurre la lengua a varios otros que encierran el mismo sentido, pero que construyéndose de diverso modo no constituyen comparativos ni superlativos: No tan instruido como equivale a menos instruido que; y magnífico sobre todos dice lo mismo que el más magnífico de todos. Y podemos también por medio de la construcción comparativa indicar el grado supremo: más adelantado que otro alguno de la clase vale tanto como el más adelantado de la clase.

1033. 3.ª Los superlativos de régimen piden el indicativo: «El hombre más elocuente que he conocido», «La más antigua poesía que se compuso en castellano»; a menos que la proposición subordinada lleve un sentido de hipótesis o se refiera a tiempo futuro: «Es preciso atenerse a lo más benigno que las leyes hayan ordenado sobre esta materia»; «El primero que resuelve el problema se llevará el premio».

1034. Pero en el día el uso no es constantemente fiel a esta regla. Se ha hecho frecuente el uso del subjuntivo en todos casos, imitado, sin duda, de la lengua francesa: «Forzoso es confesar que debemos a España la primera tragedia patética y la primera comedia de carácter que hayan dado a Francia celebridad» (Martínez de la Rosa, traduciendo a Voltaire); «El primer autor castellano que haya hablado de reglas dramáticas, fue Bartolomé de Torres Naharro» (el mismo).

1035. 4.ª Los superlativos primero, postrero, último, rigen también el infinitivo con la preposición en: «El primero, postrero, último, en presentarse», en vez de la frase corriente y castiza que se presentó. Es galicismo, que no creo haya tenido muchos imitadores, el que se escapó a Jovellanos en su elegantísima Ley agraria: «La necesidad de vencer esta especie de estorbos fue la primera a despertar en los hombres la idea de un interés común». Acaso se quiso evitar la ingrata repetición del en: «fue la primera en despertar en los hombres».

1036 (b). Se llaman en general partitivos aquellos nombres de que nos servimos para designar determinadamente uno o más individuos en la clase a que se refieren, como lo hace el superlativo de régimen en «la más populosa de las ciudades europeas».

1037. Se usan como partitivos alguno, ninguno, poco, mucho, cuál, quién, cualquiera, etc.

1038. Una regla esencial para el recto uso de las frases partitivas que se componen de un adjetivo seguido de un complemento con de, es que el adjetivo debe concertar en género con el término; por lo que sería mal dicho, «El jazmín es el más oloroso de las flores», concertando a oloroso con jazmín, en vez de la más olorosa de las flores, concertándole con flor. Pero aún es más necesario advertir, por el mayor peligro de que no se tenga presente, que se evite sustituir en estas frases el sustantivo al adjetivo cognado. No debe, por ejemplo, decirse «Nadie de los hombres», «Alguien de los soldados», sino ninguno y alguno.