Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos: Capítulo XXVII

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608 (a). Es del todo anticuada la terminación ades, por áis, edes por éis, ides por ís, en las segundas personas de plural: amades, veredes, partides; excepto en las del co-pretérito y pos-pretérito de indicativo, estábades, veríades, y en la del pretérito y futuro de subjuntivo, estuviésedes, estuviérades, viéredes; formas de mucho uso en los escritores del tiempo de Granada y Cervantes, y no del todo desechadas todavía en el lenguaje poético.

609 (b). La terminación de la segunda persona de plural del pretérito de indicativo no fue jamás en tedes sino en tes: amastes, vistes, partistes. Las terminaciones amástedes, temístedes, son imaginarias, sugeridas sin duda por la aparente analogía de los otros tiempos. Erró, pues, el que pensando imitar el lenguaje antiguo, dijo en cierto romance:

«En los dos primeros años
Me dístedes por respuesta
Que érades niña en cabello».

610 (c). Esta terminación tes del pretérito (segunda persona de plural) es todavía un arcaísmo admisible en verso, y así la han empleado Meléndez y otros. El hacer a contastes, subistes, segunda persona del singular, es un provincialismo que no debe imitarse, porque confunde los dos números del pretérito contra la costumbre antigua y genuina, sin que de ello resulte otra conveniencia que la de facilitar en algunos casos la rima, o llenar la medida del verso.

611 (d). Las irregularidades en la primera, tercera y quinta familia de formas afines, son tanto más numerosas, y más parecidas a los orígenes latinos, cuanto más remota es la edad de los escritores. Decíase, por ejemplo, en la conjugación de tañer, yo tango, yo tanga, yo tanje, escrito con x; en la de escribir, yo escripse, tú escripsiste, él escripso; en la de ceñir, yo cinje, tú cinjiste, él cinjo, escritos con x; en veer o ver, yo vide, tú vidiste, él vido. Decíase además, nasqui por nasque o nací; nasquieste por naquieste o naciste; dissi por disse o dije, etc.

612 (e). En el co-pretérito y pos-pretérito era frecuente íe por ía: sedíe o seíe, por ejemplo, en lugar de sedía, seía o era; seeríe por seería, sería.

613 (f). En la sexta familia desaparecía a veces la e característica del infinitivo de la segunda conjugación; yazré por yaceré. Debré por deberé no es enteramente inadmisible. Doldré por doleré (a semejanza de valdré por valeré) es provincialismo de Chile.

614 (g). Ocurre en nuestros clásicos la apócope de la d en el plural del imperativo: «Mirá, señora, que agradecéis muy poco a Dios las grandes mercedes que os ha hecho» (Espejo de príncipes y caballeros, citado por Clemencín).

«Andá, señor, que estáis muy mal criado» (Cervantes).

«Azarque dio una gran voz,
Diciendo abrí esas ventanas;
Los que me lloráis, oídme;
Abrieron, y así les habla».

(Romance citado por Clemencín)

Hoy subsiste y aun es necesaria esta apócope antes del enclítico os: guardaos, teneos; pero el verbo ir requiere idos.

615 (h). Usábase antiguamente y subsistía en el lenguaje de nuestros clásicos, la anteposición de la l del enclítico a la d final del imperativo, diciendo, verbigracia, miralde por miradle, tenelde por tenedle.

«Pues no soy yo tan feo,
Que ayer me vi, mas no como me veo,
En un caldero de agua, que de un pozo
Sacó para regar mi casa un mozo,
Y dije: «¿Esto desprecia Zapaquilda?
Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda».

(Lope)

616 (i). Solían también convertirse en ll la r final del infinitivo y la l del enclítico, diciendo, verbigracia, sentillo por sentirlo.

«Es un crudo linaje de tormento
Para matar a aquel que está sediento,
Mostralle el agua por que está muriendo,
De la cual el cuitado juntamente
La claridad contempla, el ruido siente;
Mas cuando llega ya para bebella,
Gran espacio se halla lejos della».

(Garcilaso)

En el día es sólo permitida a los poetas esta práctica.