Población/1 (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Población


Sección I[editar]

En el año pasado hubo poquísimas orugas en mi canton, y las matamos casi todas; pues en este año nos ha dado Dios mas que hojas.

¿No sucede lo mismo sobre poco mas ó ménos á las demas especies, y en particular á la humana? El hambre, la peste y la guerra, las dos hermanas venidas de la Arabia y de la América destruyen los hombres en un canton; y nos sorprendemos de encontrarla poblaco cien años despues.

Confieso que es un deber sagrado el poblar este mundo y que todos los animales estan obligados por le placer á llenar este designio del gran Demiurgos.

Pero, ¿para qué sirven estas poblaciones sobre la tierra? ¿Para qué es bueno formar tantos seres destinados á devorarse todos, y el animal hombre que parece nacido para degollar á su semejante desde un cabo al otro del universo? Se me asegura que algun dia sabré este secreto, lo que deseo mucho en calidad de curioso.

Es claro que debemos poblar cuanto podamos, porque ¿qué hariamos de nuestra materia seminal? O su superabundancia nos pondria enfermos, ó su emision nos haria culpables; y la alternativa es triste.

En los tratados que hacen con los viageros los sabios Arabes ladrones del desierto, siempre estipulan que les darán doncellas. Cuando conquistaron la España, le impusieron un tributo de doncellas. El país de Medea paga á los Turcos en doncellas. Los filibusteros llevaron doncellas de Paris á la islilla de que se habian apoderado. Y se cuenta que Rómulo en un hermoso espectáculo que dió á los Sabinos, les robó trescientas doncellas.

Yo no concibo, porqué los Judios, á los que por lo demas venero, lo mataron todo en Jericó hasta las doncellas; y porqué dicen en sus salmos que será dulce destruir los niños de teta, sin esceptuar de ellos señaladamente las doncellas.

Todos los demas pueblos, ya sean Tártaros, ó Canibales, ya Teutones ó Gabachos, han tenido siempre en grande recomendación las doncellas.

Con este feliz instinto parece que la tierra debia estar cubierta de animales de nuestra especie. Ya hemos visto que el padre Petau contaba cerca de setecientos mil millones de nuestros hermanos á los doscientos y cuarenta años despues de la aventura del diluvio. Y cuenta que no ha hecho imprimir este soberbio censo á continuacion de las Mil y una noches.

Supongo que en el dia hay en el globo cerca de nuevecientos millones de mis hermanos entre machos y hembras. Vallace les concede mil millones. O él ó yo nos engañamos, ó tal vez ambos; pero un décimo es poca cosa, y en toda la arismética de los historiadores se engañan mucho mas.

Un poco me ha sorprendido que nuestro arismético Vallace que calcula el número de nuestros conciudadanos en mil millones, suponga en la misma página que en el año de 966 de la creacion eran nuestros padres en el número de mil seiscientos y diez millones.

En primer lugar, yo quisiera que se estableciera bien claramente la época de la creacion; y como en nuestro Occidente tenemos cerca de ochenta sistemas sobre este acontecimiento, es difícil de acertar con lo justo.

En segundo lugar, teniendo los Egipcios, los Caldeos, los Persas y los Chinos cálculos todavía mas diferentes, es mucho mas difícil acordarse con ellos.

En tercer lugar, ¿Porqué el mundo estaria mas poblado en nuevecientos sesenta y seis años, lo que lo está en el dia?

Para salvar este absurdo se nos dice que antiguamente no andaba el mundo como en nuestros dias; que la especie era mucho mas vigorosa; que se digeria mejor; que por consiguiente habia mas facultad prolífica; y que se vivia mucho mas tiempo. ¿Porqué no se añade que el sol era mas caliente y la luna mas hermosa?

Se nos alega que en tiempo de César, aunque principiaban los hombres á degenerar mucho, sin embargo era entónces el mundo un hormiguero de nuestros bípedos; pero que al presente es un desierto. Montesquieu que siempre ha exagerado, y que todo lo ha sacrificado al prurito de manifestar talento, se atreve á creer, ó quiere hacer creer en sus cartas persianas, que en tiempo de César estaba el mundo treinta veces mas poblado que en el dia.

Vallace confiesa que este cálculo hecho al acaso es excesivo; pero ¿qué razon da para esto? Que ántes de César habia tenido el mundo mas habitantes que en los mejores dias de la república romana. Despues sube á los tiempos de Semirámis, y exagera todavía mas que Montesquieu, si es posible.

En seguida prevaliéndose del gusto por la hipérbole que se ha atribuido siempre al Espíritu Santo, no deja de traer en prueba el millon ciento y sesenta mil hombres escojidos, que marchaban bajo los estandartes del gran rey Josafat, ó Jeozaphat, rey de la provincia de Judá. Apriete usted, apriete usted, señor Vallace; el Espíritu Santo no puede engañarse, pero sus procuradores y sus copistas han calculado y contado mal. Toda su Escocia de usted no podrá suministrar un millon ciento y sesenta mil almas para asistir á sus sermones de usted. Vea usted otra vez lo que dice san Jerónimo de esa pobre Tierra Santa en la que vivió tanto tiempo. ¿Ha calculado usted bien el dinero que habria necesitado el gran rey Josaphat para pagar, mantener, vestir y armar un millon ciento y sesenta mil soldados escojidos?

Y hé aquí justamente como se escribe la historia.

El señor Vallace vuelve desde Josafat á César, y concluye que desde este dictador de corta duracion se ha despoblado visiblemente la tierra. Véanse, dice, á los Suizos, que segun dice César, eran trescientos sesenta y ocho mil cuando dejaron sabiamente su pais, para ir á buscar fortuna á ejemplo de los Cimbros. Yo no quiero mas que este ejemplo para hacer entrar en sí mismos á los partidarios un poco estremados del talento de engendrar que conceden gratuitamente á los antiguos á espensas de los modernos. El canton de Berna solamente tiene segun un censo exacto el mismo número de habitantes que desertaron de toda la Helvecia en tiempo de César. Luego la especie humana se ha aumentado mas de un doble en la Helvecia desde aquella aventura.

Tambien creo que la Alemania, la Francia y la Inglaterra están mucho mas pobladas que lo estaban entónces: Y mi razon es la prodigiosa destruccion de bosques, y el número de grandes ciudades construidas y aumentadas, y el número proporcionado de artes multiplicado, que observamos despues de ochocientos años. Yo pienso que esta es una respuesta precisa á todas las vagas declamaciones que se nos repiten diariamente en unos libros en que se descuida la verdad en favor de las agudezas, que se hacen inutilísimos á fuerza de talento.

El Amigo de los hombres dice que en tiempo de César se contaban en España cincuenta y dos millones de hombres; y Estrabon dice que siempre ha estado mal poblada porque en el medio de las tierras falta el agua. Parece que Estrabon tiene razon, y que el Amigo de los hombres se ha engañado.

Pero se nos espanta preguntándonos, que se han hecho esas multitudes de Hunos, de Alanos, de Ostrogodos, de Visogodos, de Vándalos y de Lombardos que inundaron como torrentes toda la Europa en el siglo quinto.

Yo desconfio de estas multitudes; y me atrevo á sospechar que bastaban treinta ó cuarenta mil bestias feroces cuando mas para llenar de espanto todo el imperio romano, gobernado por una Pulqueria, por eunucos y por frailes. Bastaba que diez mil bárbaros hubieran pasado el Danubio, para que encada parroquia se dijese en el púlpito, que habia mas que langostas en las plagas de Egipto; que era un castigo de Dios; que era indispensable hacer penitencia, y dar su dinero á los conventos. El miedo se apoderó de todos los habitantes, que huian en masa. Véase en que espanto puso un solo lobo al Gevaudan en el año de 1766.

Mandrin seguido de cincuenta mendigos sacó una contribucion de toda una ciudad. Desde que entró por una puerta, se decia en la otra que llevaba cuatro mil hombres con cañones.

Si alguna vez estuvo Atila á la cabeza de cuarenta mil asesinos hambrientos, recojidos de provincia, en provincia, se le supondrian quinientos mil.

Los millones de hombres de los Xerxes, de los Ciros, de Tomíris, los treinta ó treinta y cuatro millones de Egipcios, y la Tébas de las cien puertas, et quidquid Graecia mendax audet in historia, se parecen bastante á los quinientos mil hombres de Atila. Esta compañía de viageros hubiera sido difícil de mantener en el camino.

Estos Hunos venian de la Siberia: sea enhorabuena: pero de eso infiero yo que vinieron muy pocos. La Siberia no era ciertamente mas fértil entónces que en nuestros dias. Yo dudo que en el reinado de Tomíris hubiese una ciudad como Tobolsk, y que aquellos desiertos horrorosos pudiesen alimentar un gran número de habitantes.

Las Indias, la China, la Persia y el Asia menor estaban muy pobladas; lo que yo creo sin dificultad; y puede que no lo esten ménos en nuestros dias, á pesar de la rabia destructora de las invasiones y de las guerras. En todas partes donde la naturaleza ha criado pastos se casa el toro con la vecerra, el carnero con la oveja y el hombre con la muger.

Los desiertos de Barca, de la Arabia, de Oreb de Sinay, de Jerusalem, de Cobi, &c. nunca han estado poblados, ni lo están, ni lo estarán jamas, á no ser que alguna revolucion convierta en buena tierra laborable los horribles arenales y llanuras pedregosas.

El terreno de la Francia es bastante bueno, y está suficientemente cubierto de consumidores, pues que en todo género hay mas pretendientes que plazas; pues que hay mas de doscientos mil holgazanes que mendigan de un estremo á otro del pais y que sostienen su detestable vida á espensas de los ricos; y en fin, pues que la Francia mantiene cerca de ochenta mil frailes, ninguno de los cuales ha empleado sus manos en criar una sola espiga de trigo.