Poetas (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Poetas

Al salir un jóven del colegio, delibera si se hará abogado, médico, teólogo, ó poeta; es decir, si tomará á su cuidado nuestra fortuna, nuestra salud, nuestra alma, ó nuestros placeres. Ya hemos hablado de los abogados y de los médicos; ahora hablarémos de la prodigiosa fortuna que hace algunas veces un teólogo.

El teólogo que ha llegado á ser papa, tiene sus criados teólogos, cocineros, coperos, medicos, cirujanos, barrenderos, fabricantes de Agnes Dei, confiteros, predicadores, y tambien su poeta. Yo no sé qué loco fué el poeta de Leon X, como David fué algun tiempo el poeta de Saul.

Seguramente, entre todos los empleos que se pueden tener en una casa grande, el de poeta es el mas inútil. Los reyes de Inglaterra, que han conservado en su isla muchos usos antiguos que se han perdido en el continente, tienen su poeta con título de oficio; el que está obligado á hacer todos los años una oda en alabanza de santa Cecilia, que tocaba en tiempos antiguos el clave ó el salterio tan maravillosamente, que bajó un ángel desde el noveno cielo para oiría mas de cerca, en consideracion á que la harmonía del salterio no llega desde aquí abajo al pais de los ángeles, sino en sordina.

Moises es el primer poeta que conocemos. Es de creer que mucho tiempo ántes que él conocían la poesía los Egipcios, los Chinos, los Sirios, y los Indios, pues que tenian música. Pero al fin, el hermoso cántico que cantó con su hermana Maria al salir del fondo del mar Rojo, es el primer monumento poético que tenemos en versos hexámetros. Yo no soy del dictámen de esos belitres ignorantes é impíos, un Newton, un le Clerc, y otros, que prueban que todo esto no se escribió hasta cerca de ochocientos años despues del suceso, y que dicen con insolencia, que Moises no pudo escribir en hebreo, porque la lengua hebrea no es mas que un dialecto nuevo del fenicio, y Moises no podia saber el fenicio. Tampoco examino con el sabio Huet, como pudo cantar Moises, siendo tan tartamudo que no podia hablar.

Oyendo á muchos de estos señores, seria Moises mucho ménos antiguo que Orfeo, Museo, Homero y Hesiodo. Al primer golpe de vista se ve cuan absurda es esta opinion. ¿No hay medio de que un Griego pueda ser tan antiguo como un Judio?

Tampoco responderé á esos otros impertinentes que sospechan que Moises no es mas que un personage imaginario, una fabulosa imitacion de la fábula del antiguo Baco; y que se cantaban en los festines de los gentiles todos los prodigios de Baco, atribuidos despues á Moises, antes de que se supiese que habia Judios en el mundo. Una idea semejante se refuta por si misma; y la luz natural nos hace ver que es imposible que haya habido un Baco ántes que un Moises.

Tambien tenemos un escelente poeta judio, muy realmente anterior á Horacio, que es el rey David; y todo el mundo sabe que el Miserere es muy superior al Justum ac tenacem propisiti virum.

Pero lo que admira es que nuestros primeros poetas hayan sido legisladores y reyes. En el dia se encuentran gentes bastante buenas para hacerse los poetas de los reyes. Virgilio no tenia á la verdad el empleo de poeta de Augusto, ni Lucano el de Neron; pero confieso que envilecieron un poco la profesion tratando de dios al uno y al otro.

Se pregunta como ocupa la poesía un rango tan elevado entre las bellas artes, siendo una cosa tan poco necesaria en el mundo. Lo mismo se puede preguntar de la música. La poesía es la música del alma, y en particular de las almas grandes y sensibles.

Un mérito de la poesía, que muchas gentes no conocen, es que dice mas que la prosa en menos palabras que la prosa.

¿Quien podrá jamas traducir el siguiente verso latino con tanta brevedad como salió del cerebro del poeta?

Vive menor lethi, fugit hora, hoc quod loquor indé est.

No hablo de los demas encantos de la poesia, que son bastante conocidos; pero insistiré sobre el gran precepto de Horacio, sapere est et principium et fons. Sin una grande sabiduria no hay poesia verdadera. Pero ¿como se acordará esta sabiduria con el entusiasmo? Como César que formaba un plan de batalla con prudencia y combatia con furor.

Es verdad que ha habido poetas un poco locos; pero es porque eran muy malos poetas. Un hombre que no tiene en la cabeza mas que dáctilos y espondéos, ó rimas, es raras veces un hombre de buen sentido; pero Virgilio estaba dotado de una razon superior.

Lucrecio era un miserable fisico, y tenia esto de comun con toda la antigüedad. La física no se aprende con el talento, y es un arte que no puede ejercerse sin instrumentos, y estos no se habiun inventado todavia. Para tener alguna idea de la naturaleza son necesarias lentes, microscopios, máquinas neumáticas, barómetros, &c.

Descartes casi no sabia mas que Lucrecio, cuando estas llaves abrieron el santuario; y desde Galileo, que fué mejor físico que Descartes, hasta nuestros dias se ha andado cien veces mas camino, que desde el primer Kérmes hasta Lucrecio, y desde Lucrecio hasta Galileo.

Toda la física antigua es de un estudiante insensato. Pero no sucede lo mismo á la filosofía del alma y de la luz natural, que ayudada del valor del talento, sabe pesar con exactitud las dudas y las probabilidades; que es en lo que consiste el gran mérito de Lucrecio. Su tercer canto es una obra maestra de raciocinio: en él diserta como Ciceron, se espresa algunas veces como Virgilio, y es preciso confesar que cuando nuestro ilustre Polignac refuta este tercer canto, no lo hace sino como cardenal.

Cuando digo que el poeta Lucrecio discurre como un escelente metafísico en este tercer canto, no quiero decir que tiene razon: porque se puede argüir con un juicio vigoroso, y engañarse, si no se conocen la verdades reveladas. Lucrecio no era Judio, y como se sabe, los Judios eran los únicos hombres sobre la tierra que tenian razon en tiempo de los Cicerones, los Posidonios, los Césares y los Catones. Despues en tiempo de Tiberio no tenian ya razon los Judios, y solamente los cristianos tenian sentido comun.

Asi era imposible que Lucrecio, Ciceron y César dejasen de ser unos imbéciles en comparacion de los Judios y de nosotros; pero es menester convenir en que á juicio de lo restante del género humano fueron unos hombres muy grandes.

Confieso que Lucrecio se mató, y Caton tambien, y Casio y Bruto hicieron lo mismo; pero muy bien puede un hombre matarse, y haber discurrido con talento durante su vida.

Distingamos en todo autor al hombre de sus obras. Racine escribió como Virgilio; pero se hizo jansenista por debilidad, y murió de pesadumbre por otra debiladad no menor; porque otro hombre al pasar por una galeria no lo habia mirado. Lo siento mucho; pero el papel de Fedra no es ménos admirable por eso.