Roma (Corte de) (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Corte de Roma.

Antes de Constantino el obispo de Roma no era en el concepto de los magistrados, ignorantes de nuestra santa religion, mas que el gefe de una faccion secreta, tolerado comunmente por el gobierno, y castigado algunas veces con el último suplicio. Los nombres de los primeros discípulos, judios de origen, y de sus sucesores, que gobernaron el pequeño rebaño, oculto en la gran ciudad de Roma, fueron absolutamente ignorados de todos los escritores latinos. Todos sabemos que todo cambió, y como cambió en tiempo de Constantino.

El obispo de Roma, protejido y rico, fué siempre súbdito de los emperadores, como el obispo de Constantinopla, el de Nicomedia, y todos los demas, sin tener la menor sombra de pretension á una autoridad soberana. La fatalidad que dirije todos los negocios de este mundo, estableció al fin el poder de la corte eclesiástica romana por mano de los bárbaros que destruyeron el imperio.

La religion antigua, bajo la que los Romanos habian sido victoriosos por el espacio de tantos siglos, subsistia todavia en los corazones á pesar de la persecucion, cuando Alarico, puso sitio á Roma en el año de 408 de nuestra era vulgar; y el papa Inocencio I no impidió que se hicieran sacrificios á los dioses en el Capitolio y en otros templos para conseguir la proteccion del cielo contra los Godos. Pero este papa Inocencio fué uno de los diputados que se enviaron á Alarico, si es verdad lo que dicen Zózimo y Orosio: y esto prueba que el papa era ya un personage considerable.

Cuando Atila vino á destruir la Italia en el año de 452, con el mismo derecho que habia tenido los Romanos sobre todos los pueblos, con el derecho de Clodovico, y de los Godos, y de los Vándalos, y de los Herulos, &c, envió el emperador á Leon I, acompañado de dos personages consulares, para que negociase con Atila. Yo no dudo que san Leon fué acompañado de un ángel, armado con una espada de fuego que hizo temblar al rey de los Hunos, aunque no creia en los ángeles, y aunque una espada no le daba miedo. Este milagro está muy bien pintado en el Vaticano; y es claro que sino fuera cierto, jamas lo habrian pintado. Pero lo que me da rabia, es que este ángel dejó tomar y saquear á Aquilea y toda la Iliria: y que en seguida no impidió que Genserico saquease á Roma durante catorce dias: al parecer este no era el ángel esterminador.

En tiempo de los exarcas se aumentó el crédito de los papas; pero todavía no tuvieron ni una sombra de poder civil. Segun el protocolo del Diarium romanum, el electo obispo de Roma solicitaba la proteccion del obispo de Ravena para con el exarca que concedia ó negaba la confirmacion al elejido.

Cuando los Lombardos destruyeron el exarcado, quisieron los reyes lombardos hacerse dueños tambien de la ciudad de Roma, como era muy natural.

Pepin, el usurpador de la Francia, no sufrió que los Lombardos usurpasen aquella capital, y se hiciesen demasiado poderosos; lo que tambien era muy natural.

Se pretende que Pepin y su hijo Carlomagno dieron á los obispos de Roma muchas tierras del exarcado, que se llamaron las Justinas de san Pedro. Este es el primer origen de su poder temporal. Y parece que desde aquellos tiempos pensaron estos obispos en proporcionarse alguna cosa mas considerable que aquellas justicias.

Tenemos una carta del papa Adriano I á Carlomagno, en la que dice: "La liberalidad piadosa de Constantino el Grande, emperador de santa memoria, elevó y exaltó en tiempo del bienaventurado pontífice romano Silvestre á la santa Iglesia romana, y le confirió su poder en esta parte de la Italia."

Por esto se ve que desde entónces intentaban hacer creer la donacion de Constantino, que despues fué considerada por el espacio de quinientos años, no absolutamente como un artículo de fe, pero sí como una verdad incontestable. Las dudas sobre esta donacion eran al mismo tiempo un crimen de lesa magéstad y un pecado mortal que se castigaba con el mayor rigor.

Despues de la muerte de Carlomagno aumentaba diariamente el obispo su autoridad sobre Roma; pero se pasaron siglos ántes de que fuese considerado como su soberano. Roma conservó por mucho tiempo un gobierno patricio municipal.

Juan XII, al que el emperador aleman Othon I hizo deponer en una especie de concilio, reunido en el año de 963, como simoniaco, incestuoso, sodomita, ateo, y que habia hecho pacto con el diablo; este Juan XII era el primer hombre de la Italia en calidad de patricio y de cónsul, ántes de ser obispo de Roma: y á pesar de todos estos títulos y de la influencia de su madre la famosa Marosia, no tuvo mas que una autoridad muy disputada.

Un Gregorio VII, que de fraile llego á ser papa, y quiso deponer los reyes y dar los imperios, lejos de ser el señor de Roma, murió protejido, ó mas bien prisionero de los príncipes normandos que conquistaron las dos Sicilias, y que el creia sus vasallos.

En el gran cisma de Occidente vivieron con frecuencia de limosnas los papas que se disputaban el imperio del mundo.

Es un hecho bastante estraordinario que los papas no fueron ricos hasta los tiempos en que no se atrevieron á presentarse en Roma.

Beltran de Goth, Clemente V el Burdales, que pasó su vida en Francia, vendia públicamente los beneficios, y dejó tesoros inmensos, segun Villani.

Su sucesor Juan XXII, fué elejido en Leon: y se dice que era hijo de un zapatero de viejo de Cahors. Este inventó mas maneras de sacar dinero de la Iglesia, que impuestos han inventado los arrendadores de las rentas. El mismo Villani asegura que á su muerte dejó veinte y cinco millones de florines de oro. Seguramente no le rindió esta cantidad el patrimonio de san Pedro.

En una palabra, hasta Inocencio VIII que se apoderó del castillo de san Angelo, nunca gozaron los papas de una verdadera soberanía en Roma.

Su autoridad espiritual fué sin disputa el fundamento de la temporal; pero si se hubieran limitado á imitar la conducta de san Pedro cuyo lugar ocupaban segun querian hacer persuadir, jamas hubieran adquirido mas reino que el de los cielos. Pero ellos supieron siempre impedir que los emperadores se establecieran en Roma, á pesar del hermoso título de rey de los Romanos. La faccion guelfa venció siempre en la Italia á la faccion gibelina: y se prefirió obedecer á un sacerdote italiano mas bien que á un rey aleman.

En las guerras civiles que sucitó la lucha entre el imperio y el sacerdocio por el espacio de mas de quinientos años, obtuvieron la soberanía muchos señores, unas veces en calidad de vicarios del Imperio, y otras en calidad de vicarios de la santa silla. De estos fueron los príncipes de Este en Ferrara, los Bentivoglio en Bolonia; los Malatesta en Rímini, los Manfreddi en Faenza, los Baglione en Perusa, los Ursino en Anguillara, los Riario en Forli, los Montefeltro en Urbino, los Varano en Camerino, y los Gravina en Sinigaglia.

Todos estos senores tenian tantos derechos á las tierras que poseian, como los papasal patrimonio de san Pedro. Unos y otros se fundaban en donaciones.

Se sabe como el papa Alejandro VI se sirvio de su bastardo César de Borgia para invadir todos estos principados.

El rey Luis XII obtuvo de este papa la anulacion de su matrimonio despues de diez y ocho años de casado, con la condicion de que ayudaria al usurpador.

Los asesinatos que cometió Clodovico para apoderarse de los Estados de los pequeños reyes de su vecindad, no llegan ni con mucho á los horrores ejecutados por Alejandro VI y por su hijo.

La historia de Nerón es mucho ménos abominable. El pretesto de la religion no aumentaba la atrocidad de sus crímenes. Obsérvese que en el mismo tiempo los reyes de España y de Portugal pedian á este paga, el uno la América y el otro el Asia, y que este monstruo se las concedió en el nombre de Dios que representaba. Obsérvese que cien mil peregrinos concurrian á su jubileo y adoraban su persona.

Julio II acabó lo que habia principiado Alejandro VI. Luis XII, destinado á ser el juguete de todos sus vecinos, ayudó á Julio á tomar á Bolonia y á Perusa. Por premio de sus servicios este rey infeliz fué echado de Italia y escomulgado por el mismo papa, á quien su embajador en Roma el arzobispo de Auch llamaba su perversidad en lugar de su santidad.

Para cúmulo de mortificacion, su muger Ana de Bretaña, tan devota como imperiosa, le decia que estaba condenado porque habia hecho la guerra al papa.

Si Leon X y Clemente VII perdieron tantos Estados que se separaron de la comunion romana, no por eso fueron ménos absolutos en los que permanecieron fieles á la fe católica.

La corte de Roma escomulgó á Henrique III y declaró á Henrique IV indigno de reinar.

Tambien sacó mucho dinero de los Estados católicos de Alemania, de la Hungría, de la Polonia, de la España y de la Francia. Sus embajadores tienen el primer lugar sobre todos los demás. Esta corte no es bastante poderosa para hacer la guerra, y su debilidad, hace su dicha. El estado eclesiástico es el único que ha gozado siempre de las dulzuras de la paz desde el saqueo da Roma por las tropas de Carlos quinto. Parece que los papas estaban en la costumbre de ser tratados como los dioses de los Japones, á los que unas veces les presentan ofrendas de oro, y otras los arrojan al rio.