Samotracia (DFV)

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Nota: En esta transcripción se ha mantenido la ortografía original.


Samotracia.

Que la famosa isla de Samotracia esté á la embocadura del Ebro, como lo dicen tantos diccionarios; ó que esté á las veinte millas, nada de esto entra en mis averiguaciones.

Esta isla fué por mucho tiempo la mas célebre del Archipiélago, y aun de todas las islas. Sus dioses Cabires, sus gerofantes y sus misterios le dieron tanta reputacion, como la que no hace mucho tiempo tuvo en Irlanda el agugero ó cueva de san Patricio [1]. Esta Samotraciaque se llama en el dia de hoy Samandrachi, es una roca cubierta de un poco de tierra estéril, y habitada por pobres pescadores, que se admirarian mucho si se les dijera que su isla habia tenido otras veces tanta gloria; y aun preguntarian: ¿Y qué cosa es la gloria?

Y yo pregunto: ¿qué eran estos gerofantes, estos francmazones sagrados que celebraban sus antiguos misterios en Samotracia; y de donde venian ellos y sus dioses Cabires?

No es verosímil que viniesen estas pobres gentes de Fenicia, como dice Bochard con sus estimologías hebráicas, y como lo dice el abate Banier siguiendo al otro; pues no es asi como se establecen los dioses, que son como los conquistadores, que no subyugan los pueblos sino de el uno al otro. Hay mucha distancia desde la Fenicia hasta esta pobre isla para que vinieran á confinarse en una hermita los dioses de la rica Sidon y de la soberbia Tiro. Los gerofantes no son tan tontos.

El hecho es que en esta miserable y estéril isla habia dioses Cabires, sacerdotes cabires y misterios cabires. No solamente lo dice Heodoto, sino que el fenicio Sanconiaton, tan anterior á Herodoto, habla tambien de esto en sus fragmentos que felizmente ha conservado Eusebio.

Y lo que es peor, este Sanconiaton, que vivia ciertamente ántes del tiempo, en que se coloca á Moises, cita el gran Thaut, al primer Hérmes, al primer Mercurio de Egipto; que vivia ochocientos años ántes de Sanconiaton, segun lo confiesa este mismo fenicio.

Los Cabires eran pues honrados dos mil trecientos, ó cuatro cientos años ántes de nuestra era vulgar.

Si queremos saber al presente de donde venian estos dioses Cabires establecidos en Samotracia; ¿no es verosimil que vendrian de Tracia, que es el pais mas inmediato; y que se les habria dado esta pequeña isla para representar en ella sus farsas, y para que ganasen algun dinero? Puede muy bien suceder que Orfeo fuese un famoso ministril de los dioses Cabires.

Pero ¿qué eran estos dioses? todo lo que han sido los dioses de la antigüedad; fantasmas inventados por bribones groseros, esculpidas por trabajadores mas groseros que ellos, y adoradas por unos brutos llamados hombres.

Habia tres Cabires; porque ya hemos observado que en la antigüedad todo se hacia por tres.

Preciso es que Orfeo haya venido mucho tiempo despues de la invencion de estos tres dioses, porque no admite en sus misterios mas que uno solo. Yo tomaria de buena gana á Orfeo por un rígido sociniano.

A los antiguos dioses Cabires los tengo yo por los primeros dioses de los Tracios, sean los que quieran los nombres griegos que se les han dado despues.

Pero he aquí una cosa mucho mas curiosa respecto de la historia de Samotracia. Ya se sabe que la Grecia y la Tracia han sido aflijidas antiguamente por muchas inundaciones; y son conocidos los diluvios de Deucalion y de Ogíges. Pues la isla de Samotracia se vanagloriaba de un diluvio mas antiguo; diluvio que se refiere al tiempo en que se supone que vivia su antiguo rey Xissutre, del que hemos hablado en el artículo Ararat.

Tambien podemos recordarnos que los dioses de Xixutru, ó Xissutre, que probablemente eran los Cabires, le mandaron construir un navio de cerca de treinta mil pies de largo sobre ciento y doce de ancho; que este navio boaó por mucho tiempo sobre las montañas de la Armenia miéntras el diluvio; que habiendo embarcado consigo palomos y otros muchos animales domésticos, soltó sus palomos para saber si se habian retirado las aguas; y que volvieron todos enlodados, lo que determinó á Xissutre á tomar el partido de salir por último de su gran navio.

Se me dirá que es muy estraña que Sanconiaton rio haya hablado de esta aventura; y responderé que nosotros no podemos decidir si la insertó ó no en su historia; puesto que Eusebio, que no ha referido mas que algunos fragmentos de este antiguo historiador, no tenia ningun interes en referir la historia del navio y de los palomos. Pero Berose la cuenta añadiéndole maravillas, segun el uso de los antiguos.

Los habitantes de Samotracia habian erijido monumentos á este diluvio.

Pero es todavia mas admirable, como lo hemos, observado en otra parte, que ni la Grecia, ni la Tracia ni ningun otro pueblo conoció jamas el verdadero diluvio, el diluvio universal, el diluvio de Noé.

Repitámoslo otra vez: ¿Como un acontecimiento tan terrible como el de la inundacion de toda la tierra pudo ser ignorado de los que le sobrevivieron? ¿Como el nombre de nuestro padre Noé, que repobló el mundo ha podido ser ignorado de todos los que le debian la vida? Es el mas admirable de todos los prodigios, que entre tantos nietos ninguno haya hablado de su abuelo.

Yo me he dirijido á todos los doctos, y les he preguntado si jamas han leido algun libro viejo, griego, toscano, árabe, egipcio, caldeo, indio, persa, ó chino, donde hayan encontrado el nombre de Noé. Todos me han respondido que no. Todavía estoy confundido.

Pero que la historia de esta inundacion universal se encuentre en una página de un libro escrito en el desierto por unos fugitivos, y que esta página haya sido desconocida á todo lo demas del mundo, hasta hácia el año nuevecientos de la fundacion de Roma; he aquí lo que me petrifica. Yo no vuelvo en mí. Querido lector, digamos muy alto: ¡O altitudo ignorantiarun!



  1. Este agugero de San Patricio, ó san Patrik, es una de las puertas del purgatorio. Las ceremonias y las pruebas que los frailes hacían observar á los peregrinos que iban á visitar este terrible agugero, se parecen mucho á las ceremonias y a las pruebas de los misterios de Isis y de Samotracia. El amigo lector que quiera profundizar un poco la mayor parte de nuestros artículos, reparará muy agradablemente que las mismas bribonerías y las mismas estravagancias han dado la vuelta al mundo; y todo para ganar honor y dinero. Véase el estrado del purgatorio de san Patricio por M. Sinner.